Impresiones

Pluralismo político y cultura bipartidista

25.08.2016 | 03:33
Pluralismo político y cultura bipartidista

Del panorama político derivado de las elecciones del 20D y el 26J no se infiere suerte alguna de veredicto general de los españoles para que el Partido Popular siga en el Gobierno con Mariano Rajoy como presidente, tal como se señala desde las grandes plataformas mediáticas. Éstas, al equiparar la mayoría electoral obtenida por el PP en las pasadas elecciones con «lo que los españoles han votado» tergiversan la realidad democrática con el fin de que la continuidad del PP en el Gobierno aparezca como inevitable. Es el argumentario usado por la cofradía comandada por Mariano Rajoy para atribuirse la facultad de seguir gobernando como si de un derecho natural se tratara. Para ello, se ha asegurado el «Sí quiero» de Ciudadanos, tras firmar un sucedáneo de «pacto anticorrupción», y presiona al PSOE de Pedro Sánchez para que le regale el Gobierno con una abstención en la sesión de investidura. En otras palabras, para el «clan de los genoveses» y «adyacentes» no hay otra opción a la «gran coalición» que demanda el IBEX que no sea la que mantenga a Mariano Rajoy en el trono.

Para ello, el consorcio dirigente del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, no ha dudado en representar, desde el 20D, un guión que le permite, al mismo tiempo, invocar la necesidad urgente de que haya un gobierno «por el bien de España», atribuir la responsabilidad del «bloqueo institucional» a quienes impiden que gobierne la lista más votada, es decir, la suya, y gestionar el tiempo para garantizarse, por agotamiento de la ciudadanía, un triunfo en una probable tercera cita electoral. Es el guión al que responde el juego para que las terceras elecciones, en caso de celebrarse, coincidan con el día de Navidad. El objetivo de esta maniobra es, por una parte, crear el escenario en el que el PSOE de Pedro Sánchez pudiera ser presentado, en caso de un voto negativo a la investidura de Rajoy, como el responsable de conducir al país a la «hecatombe» de unas terceras elecciones y, por otra, garantizarse una nueva mayoría parlamentaria por el clima de desmovilización electoral que supondría celebrar elecciones el día de Navidad. Un chantaje.

La imposición, a través de los grandes medios de comunicación, de una agenda política focalizada en torno a la necesidad de lograr la estabilidad gubernamental como un valor en sí mismo y evitar una tercera cita electoral ha permitido a la cúpula del PP y a Mariano Rajoy eludir los problemas centrales de la ciudadanía, derivados de sus políticas públicas, las cuales han puesto al país en una situación en la que, frente al expolio de recursos y derechos en favor de las élites financieras y empresariales, y frente a la usurpación, en paralelo, del derecho a la protesta social mediante la legislación mordaza, ha recobrado sentido reivindicar pan, trabajo y libertad. En este contexto, ¿qué pueden pretender las cúpulas del PP y Ciudadanos, ambos miembros de la familia neoliberal, más que hacer el lifting necesario para que las élites puedan seguir mandando?

La misma agenda política que presenta a Mariano Rajoy como insustituible para presidir el Gobierno ha silenciado la posibilidad de que pudiera formarse una alternativa de gobierno. Esta exclusión obedece al interés del poder establecido en mantener la contrarreforma implantada por el Gobierno de Mariano Rajoy, hecha a medida de las demandas de las élites, para las que todo es mercantilizable, en particular aquello de lo que no se puede prescindir, como la salud, la educación o las pensiones.

Es evidente que, en las actuales circunstancias, el PSOE de Pedro Sánchez es el que está llamado a impulsar la necesaria alternativa para recuperar el rumbo hacia un modelo que desarrolle en la práctica el Estado social y democrático de derecho, tal como declara el ideario socialdemócrata y la propia Constitución española. Sin embargo, hasta el momento, el interés de la baronía del PSOE en conservar a toda costa la hegemonía en la izquierda, según el viejo modelo bipartidista, lo ha impedido.

La apuesta del IBEX 35 por la gran coalición formada por el PP, el PSOE y Ciudadanos se deriva de su vinculación con el modelo bipartidista, en el que los grandes partidos hegemónicos, PP y PSOE, se han venido alternado en el Gobierno y la oposición escenificando las diferencias en un tablero de consensos básicos, consistente en no traspasar las barreras impuestas por el neoliberalismo. El tan cacareado bloqueo institucional es el resultado de esta situación, que se traduce en la incapacidad de la cultura bipartidista para aceptar la nueva correlación de fuerzas derivada de la irrupción de Podemos y las confluencias en el panorama político, algo que las élites no están dispuestas a aceptar dócilmente.

Si el supuesto bloqueo institucional hubiera sido el mal real a combatir, poniendo el «bien de España» por encima de los intereses partidistas, ya podría haber habido un gobierno después del 20D. El buen funcionamiento de la democracia no está en que se forme un gobierno como necesidad en sí, sino en que éste tenga representatividad y sitúe en el centro de sus políticas públicas los derechos de la ciudadanía. Para ello, en una democracia parlamentaria como la española, si no hay mayoría absoluta, están los pactos y las alianzas.

¿Estará dispuesto el PSOE a redimir su identidad socialdemócrata y estar a la altura de las circunstancias?

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