El mundo por de dentro

Erdogan contra Erdogan

20.08.2016 | 04:07
Erdogan contra Erdogan

«Asia a un lado, al otro Europa y allá enfrente Estambul...», así describía el poeta romántico su paso por el Bósforo, el estrecho que separa dos continentes y que está en el corazón de Turquía. Ese es el enclave estratégico de ese país, el paso obligado, desde Constantino o Marco Polo, al comercio actual o los oleoductos que abastecen a la Unión Europea. La visión poética de Espronceda queda oculta tras los prosaicos intereses de un mundo globalizado, pero el valor estratégico comercial o militar está tan vigente como siempre.

Ya en el siglo XVIII los imperios ruso y austríaco se unieron para intentar expulsar a los turcos de Europa y sustituir el sultanato otomano por un imperio griego cristiano. En 1877 Rusia aprovechó las reivindicaciones de Serbia, Bosnia, Herzegovina, Montenegro y Bulgaria, y la represión otomana para entrar en guerra con Turquía hasta conseguir una paz en Berlín que suponía la desmembración de los países Balcánicos y la ocupación de Chipre por los británicos. Ya en el siglo XX la guerra de los Balcanes –la de principios de siglo, no la reciente– trajo el final del imperio turco y el surgimiento del movimiento de los Jóvenes Turcos que llevó a cabo la revolución contra el sultán. Su líder era Mustafá Kemal Ataturk quien proclamó la República turca en 1922, introdujo los códigos penales, la indumentaria y el calendario occidentales; adoptó el alfabeto latino y eliminó la disposición constitucional que designaba al Islam como la religión oficial; implantó un régimen unipartidista que duró hasta 1945, y sobre todo, constituyó al ejército como garante del carácter secular y europeísta de la nueva Turquía.

El actual presidente Recep Tayyip Erdogan ha sido en buena parte el continuador de la obra de Ataturk. El Partido Justicia y Desarrollo (AKP) le llevó al poder como primer ministro desde 2003 a 2014 y a presidente de la República desde entonces. Turquía es desde el principio miembro de la OTAN, y miembro importante por su situación estratégica, y asociado a la Comunidad Económica Europea. Desde 2006 están abiertas las negociaciones para la plena integración, que inicialmente encontraron las resistencias de Chipre y Austria. Erdogan impulsó la integración aboliendo la pena de muerte o tolerando el partido de los kurdos, el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) que tuvieron que presentarse como «independientes». Sin embargo, ha visto cómo Alemania impulsaba las candidaturas o la integración de los países del este europeo, de los Balcanes, incluso la de Ucrania, mientras es el principal obstáculo a la integración de Turquía. La entrada de Turquía supondría un aumento notable de la población musulmana europea, y lo que es más relevante por su peso demográfico y estratégico también movería el centro de gravedad de la UE hacia el Mediterráneo.

Erdogan ha coqueteado con grupos confesionales, mientras ha roto relaciones con el movimiento Hizmet y su líder Fetulá Gülen. Este clérigo moderado, europeísta y millonario fue uno de los principales impulsores del ascenso de Erdogan. Su movimiento está integrado por profesionales y técnicos de la élite turca en la Administración estatal, el ejército, los medios de comunicación, universidades, la banca o las empresas. Como el Opus Dei pero en versión sunita. En 2014 Gülen rompió relaciones con el entonces primer ministro al que acusó de corrupción.

Erdogan que fue el impulsor del acercamiento a la Unión Europea con lo que eso conlleva abolición de la pena de muerte, respeto a los derechos humanos –en particular la igualdad de la mujer– y al principio de legalidad. A raíz de la intentona golpista de julio acusó a Gülen de ser el cerebro del intento de golpe de Estado, el líder exiliado en Estados Unidos, y calificado oficialmente como terrorista por el presidente turco desde el pasado mes de mayo. Sea o no cierto, el cierre de colegios, universidades, residencias estudiantiles, fundaciones, detenciones, despidos y extradiciones que han seguido por decenas de miles muestra una depuración de todos los vinculados a Hizmet, hayan intervenido o no en la intentona, sólo por el hecho de figurar en las listas de esa asociación. Las purgas generalizadas chocan con el principio de legalidad. Erdogan ha cogido ahora una deriva autoritaria próxima, y de aproximación, a Putin que pone en entredicho su candidatura a la UE –si reinstaura la pena de muerte las negociaciones se romperían automáticamente–, incluso puede obligar a revisar sus relaciones con la OTAN y su papel en Siria. Y probablemente volverán los refugiados a cruzar hacia Grecia.

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