18 de agosto de 2016
18.08.2016
Impresiones

Nueva casta podemita

18.08.2016 | 03:37
Nueva casta podemita

Demasiado pronto, para sus propios intereses, se ha quitado la careta la nueva casta podemita, que en muchos aspectos negativos ya supera con creces a la vieja casta de los partidos tradicionales, especialmente en cinismo, incoherencia, demagogia y contradicciones, mientras afloran in crescendo sus incipientes conductas impresentables, cuando no fechorías que rayan lo delictivo. En tiempo récord, desde que han tocado algo de poder real (imaginen si llegan a tocar más), gracias en buena parte a la absurda e incomprensible colaboración del PSOE, los hechos demuestran que su objetivo no es erradicar de la democracia española que ellos llaman régimen, ni nepotismos, ni enchufes, ni contratos laborales irregulares, ni fraudes a Hacienda, ni apropiaciones indebidas, ni incumplimientos de contratos, ni incompatibilidades, ni machismos, ni violencias, ni tantas otras conductas reprobables y poco éticas cuando no delictivas. Seguramente no entendimos bien su mensaje y, por lo visto, el objetivo no era borrar estos indecentes comportamientos de la práctica política, sino arrebatárselos a la vieja casta para que la nueva casta, es decir, la de ellos mismos, se los apropiara o, al menos, los compartiera con ella, con la agravante incluso, como si fuéramos idiotas, de añadirle la desfachatez de justificar los suyos e incluso aplaudirlos, cuando la vieja casta, al menos, si la pillan in fraganti, no es tan osada y simplemente suele hacer mutis por el foro y, a lo sumo, recurre a la socorrida presunción de inocencia (sólo aceptable en el terreno judicial) para eludir las responsabilidades políticas susceptibles de una manifiesta presunción de indecencia, pero sin vanagloriarse por ello ni intentar justificarlo. Ahora ya vamos entendiendo la famosa toma del cielo por asalto para que el miedo cambiara de bando; si por ahora el primer miedo es a la corrupción, nos queda bien claro, si no cambió de bando está en transición.

En efecto, si tras el frenazo del 26-J el objetivo de Unidos Podemos era pasar lo más desapercibido posible, ajenos a las negociaciones sobre la gobernabilidad, que parece no ir con ellos, diversos escándalos surgidos en sus filas les han obligado a salir de las madrigueras pero, insólitamente, para justificarlos cínicamente, como si los españoles fuéramos idiotas. Ahora resulta que los escandalosos enchufes de primos, sobrinos, amigos, parejas y exparejas, que sólo entre Barcelona y Madrid se pueden contar hasta doce, no obedecen a favoritismos digitalizados intolerables, sino a méritos personales de los enchufados por su elevada cualificación. Ahora resulta que las adjudicaciones arbitrarias de viviendas y de un cortijo a los hermanos de Cañamero es culpa de la Junta de Andalucía que las autorizó, y que acusarle a él, que lo decidió, son «barbaridades» enmarcadas en la «caza y captura» contra los 71 diputados de Unidos Podemos pues «a la burguesía le molesta que a esta casa llegue gente cercana al pueblo» (los anteriores parlamentarios o los no pertenecientes a Unidos Podemos son, por lo visto, extraterrestres), mientras, insólitamente, defiende a su amigo Bódalo, encarcelado por violencia, y mete en rueda de prensa a amigos no periodistas para que, pasando como tales, le hagan preguntas sobre sus altruistas actividades sindicales, dificultando así las de su presunta corrupción. Ahora resulta que la culpa de que Echenique tenga un asistente de forma irregular, sin contrato laboral y sin cotizar a la Seguridad Social, es del actual sistema capitalista indecente, por lo que, según Iglesias, Echenique incluso debe ser «un referente moral» (si lo hace cualquier otro, que no sea podemita, es una indecente explotación de los trabajadores). Ahora resulta que la suspensión de Monedero de empleo y sueldo por parte de la Complutense por no atenerse a los compromisos contractuales establecidos y a la normativa vigente, la zanja Iglesias con un «no me cabe la menor duda de que Juan Carlos Monedero cumplirá con sus obligaciones», mientras el susodicho arremete contra el rector «por revelación de secretos». Ahora resulta que la inhabilitación de Errejón por la Universidad de Málaga a causa de su «doble fraude» carece, según Podemos, de importancia alguna ni reproche político social. Y así sucesivamente en otros casos menos llamativos.

Además, se añaden numerosos episodios machistas y de violencia verbal, indecentes e intolerables en boca de cualquier dirigente político, que han culminado con la expulsión de cuatro militantes podemitas en Madrid tras la denuncia de sus acosadas compañeras. Atrás quedan, entre muchas otras, afirmaciones del líder supremo, Iglesias, la frase «le voy a romper la boca, vais a ver a un macho alfa cuando acosan a alguien de su grupo» o la de autoproclamado «macho alfa» a Mariló Montero «la azotaría hasta que sangre» o la de que Andrea Levy «se calienta» con un diputado podemita, por lo que «ofrece» su despacho en el Congreso para que «ambos se conozcan mejor». Y atrás queda, lamentablemente, el cómplice silencio de asociaciones feministas, que hubieran puesto el grito en el cielo, y con razón, si tales comportamientos procedieran de líderes políticos de la vieja casta. Así es la nueva casta podemita y así son sus sumisos seguidores.

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