El entrenador y el profesor

13.08.2016 | 01:39

Los profesores y entrenadores son los responsable de tres pilares básicos que configuran al competidor de élite. El primero es lograr es que el niño o la niña que empieza a hacer judo entre los seis y 10 años, y que anuncia condiciones para este deporte, siga en él y se vaya aficionando, sin descuidar otros aspectos de su formación, adquiriendo hábitos de entrenamiento.


En segundo lugar, han de inculcarle bases técnicas sólidas, amplias y adaptadas a su personalidad. Al construir esta estructura, tienen que tener en cuenta la evolución física y psíquica de este posible futuro campeón y a lo largo de su instrucción deben completar su bagaje y adaptarlo a los cambios que se van produciendo.


Un tercer aspecto, importantísimo, es el que va a determinar su capacidad de ser el numero uno, la más difícil de adquirir. Para llegar a ser campeón y mantenerse en ese lugar no es suficiente con ser el más fuerte y el mejor técnicamente.


Escuchando y leyendo a los grandes del judo se encuentra una idea recurrente en todos ellos. Yamashita, imbatido durante más de 10 años, coincide con Toshihiko Koga, el campeón Olímpico de Barcelona 92 que, gracias a los desvelos de Raúl Merino y Fernando Méndez, estuvo en el curso de verano de Torrelavega hace dos años.


Koga, en su película «Un viento nuevo», explica esa característica específica de los auténticos campeones: «Le debo mucho a mi profesor, el maestro Yoshimura. Me enseñó a no rendirme nunca. Si cedes, puedes perder. Simplemente con no renunciar adquieres la oportunidad de vencer, así que él siempre insistía en que no me rindiese. Sus palabras están siempre en mi mente y nunca cedo y así he abordado siempre la competición».


A esta capacidad se une la de abstraerse de todo lo que no sea el combate. Esa concentración, sin la que no se puede ser campeón, la recuerda Koga al hablar de su final ante Joaquín Ruiz en el mundial del 91: «Cuando llegué a la final de Barcelona, frente a un español, los aficionados lo animaron durante todo el combate. Encaré aquello asumiendo ese apoyo como si fuera para mí, me convencí de que estaban todos de mi lado y me concentré en la final. No sentí ninguna presión y la confianza en mi mismo me ayudó a ganar».


Para estar entre esas personas, el futuro campeón debe recibir de sus maestros una completa estructura técnica y de sus entrenadores la forma física, la ayuda psicológica y las actualizaciones permanentes que le permitan superar los inmensos espacios que separan a deportistas normales de esos individuos tan especiales que son capaces de conseguir el triunfo donde los demás fallan. Mireia Belmonte y Maialen Churraut son dos ejemplos de esto.

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