Artículos de broma

Lobo, sí; Perro, no

09.08.2016 | 04:21
Lobo, sí; Perro, no

¡Cuántos problemas tenemos por cómo nombrar las cosas y a las personas! La corrección política no trata de otra cosa. Un niño casi no se llama Lobo porque a un juez le pareció vejatorio. Lobo es Lope, algo que fueron de Vega y de Aguirre. Todos los López de España descienden de un hijo de Lobo primigenio. Los nombres dicen mucho de nosotros. La sociedad tiende al hedonismo y por eso hay mujeres que se llaman Lola sin haber pasado antes por Dolores. Lola es nombre alegre, analgésico, epidural, respeto al Dolores del que partía. ¿Aún se bautiza con el nombre de Angustias o con el de Ansiedades, su actualización psicológica?

El caso de Lobo habla más de nuestras relaciones con los animales que de la rareza de los nombres. Úrsula significa osezna –en Asturias, esbarda– pero como no se nota... Urraca desapareció como nombre pero Paloma sigue siendo muy frecuente para niñas, pese a esa mala relación con las aves, tan extendida entre las mujeres que Alfred Hitchcock arruinó su carrera en Hollywood con Los pájaros, una película de miedo inspirada en un relato ornitofóbico de la escritora Daphne du Maurier. Los pájaros no tuvo público femenino y eso dejó la taquilla en la mitad. Paloma es un nombre femenino que no produce rechazo pese a que la paloma misma es un ave cercana y urbana que sólo tiene prestigio cuando es de la paz.

Vamos a una nueva relación con los animales por imposición ideológica del animalismo y por sugestión emocional de la animación pero siguen pesando el pensamiento mágico de la religión y la ficción de la fábula. En este país, loco por el jamón, nadie llamaría a su hijo Cerdo, pese a que el animal distinguió al cristiano viejo cuando la expulsión de los judíos y la persecución de moriscos. Tampoco nadie llama Perro a su hijo, aunque tantos canes tengan nombres de persona desde hace muchos años.

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