06 de agosto de 2016
06.08.2016
Tribuna

Futuro político y posibilidad de un gobierno progresista

06.08.2016 | 02:13

Decía el historiador marxista Antonio Gramsci, no sin acierto, que «la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados», y en estas transitamos.

El resultado de las elecciones del 20D reflejaron en las calles lo que ya era un hecho real: la superposición de dos planos políticos en disputa. Las elecciones del 26J que, algunos partidos políticos las enfocaron como una prueba de la resiliencia de los partidos nuevos, terminó por contrastar que estamos en una etapa donde coexisten dos pulsiones políticas de amplio calado social y con proyectos políticos distintos de difícil entendimiento. Así pues, esta dialéctica existente entre lo nuevo y lo viejo, se encamina a coexistir durante un cierto período de tiempo donde la disputa por la hegemonía política será el caballo de batalla de ambos polos.

Dicho esto, cabe citar algunos de los elementos que van a estar en el centro de la batalla política. Más allá de cuestiones organizativas, parece necesario establecer dos elementos que pueden determinar la agenda política.

En primer lugar, dado el escenario parlamentario que existe y existirá, la capacidad para erigirse como proyectos políticos capaces de consensuar amplias mayorías parlamentarias en torno a amplios consensos sociales será un elemento clave. Esto es, la capacidad de poner encima de la mesa propuestas que mejoren el día a día de las personas. Podría parecer un auténtica boutade lo escrito pero, no obstante, somos conocedores que los elementos que definen la estructura de una sociedad son los cimientos que permiten su cambio. Así pues, es imprescindible llevar los amplios acuerdos sociales en torno a una amplia variedad de temas a la prueba del algodón que supone votar todas las semanas en el parlamento.

En segundo lugar, el reto que tenemos como fuerzas del cambio radica en disputar un elemento crucial en política que ha estado denostado en los últimos tiempos: la gobernabilidad. Si bien es cierto que allá donde gobiernan las fuerzas del cambio, la gestión política y económica es notable, la disputa política por este concepto no se ha realizado. Huelga decir que en ambas campañas electorales, la del 20D y a del 26J, brilló por su ausencia la disputa de este concepto. No es posible ganar las elecciones sin ser reconocidos como partidos de gobierno.

Estos dos elementos, capacidad de acuerdo y gobernabilidad, que a algunos políticos de trincheras amigas les cuesta entender y relacionar, han de poder convivir como elementos claves para avanzar en la aglutinación de fuerzas necesarias para el cambio político y para evitar el objetivo político de que las fuerzas viejas intenten cerrar en falso la actual crisis política.

No podría terminar este artículo sin hacer mención a los acontecimientos políticos que estamos viendo estas semanas. Si bien es cierto que a raíz de los resultados del 26J, le toca al Partido Popular de Mariano Rajoy liderar la búsqueda de un posible acuerdo de investidura y gobierno, el encargo no parece ser tarea fácil. Así pues, afrontamos una semana determinante en la que los movimientos de los tres partidos claves de la primera etapa de esta nueva legislatura, PP, C's y PSOE, determinarán la viabilidad de esta opción. Los posibles apoyos parlamentarios de un gobierno del PP parecen garantizados después de la configuración de la Mesa del parlamento.

No obstante, la aritmética parlamentaria posibilita un gobierno diferente: un gobierno de matriz progresista. Cada día parecen haber más voces dentro del PSOE que apuestan por esta vía. Sería necesario que la crisis sobre qué camino debe tomar el PSOE se resolviera ya que ostentan un amplia responsabilidad para el futuro de esta país en la actualidad. Dicho esto, el exministro socialista Josep Borrell apuntaba la existencia de un 60% del parlamento que optaría por un «No» contundente a Mariano Rajoy.

No cabe duda de que ese 60% que podría decir que no a Mariano Rajoy y al PP podría constituir la base política para la configuración de una alternativa política que evitase nuevas elecciones. Si esta alternativa política toma cuerpo, nosotros debemos estar muy preparados: el tempo político y la oportunidad política también determinan la posible correlación de fuerzas en un futuro gobierno. Estemos preparados porque la política se realiza en los márgenes y en los tiempos, que no nos coja pensando en otras cosas.

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