Visiones

Modesto Crespo y la fundación CAM

04.08.2016 | 04:42
Modesto Crespo y la fundación CAM

He de reconocer que Modesto Crespo es una persona a la que siempre le ha gustado y ha podido vestir bien. Incluso hoy, pasados los setenta, sigue manteniendo ese buen gusto por la elegancia. Es muy posible que esta virtud, entre otras, le haya servido en la vida para ser presidente de los empresarios, de IFA y como colofón de la CAM. Cuando Modesto fue elegido presidente de la caja alicantina, probablemente pensó que sus conocimientos financieros no le permitían participar en los grandes asuntos de la CAM y por eso le dijo a Roberto López que su mejor servicio a la caja era ostentar su representación al más alto nivel, esto le obligaba a tener constantes entrevistas con Francisco Camps, persona que por cierto era muy selectivo a la hora de comprar sus trajes. Para poder estar a su altura, Modesto le pidió a Roberto que la caja le pagara sus trajes, y Roberto le compró para su uso varios por valor de 640.000 euros. En mi opinión este es el único «delito» que ha cometido Modesto, aceptar un traje tan caro para un trabajo tan escaso.

Roberto López es el clásico «listillo» que en una empresa se mueve de tal manera que al final alcanza los mejores puestos y así fue como consiguió llegar a ser director general de la CAM. En una caja de ahorros, ser director general es importante pero su actuación está muy limitada por el Consejo de Administración que es quien marca las políticas, hace los nombramientos y vigila que se cumplan los estatutos. López fue nombrado director general al comienzo del boom inmobiliario y llevó a la CAM a ser la cuarta caja de ahorros de España. A partir de aquí se convirtió en el «rey del mambo», pensó que estaba tocado por la mano de Dios y que podría llegar a ser uno de los principales banqueros del mundo, pero para esto necesitaba que nadie le pusiera pegas a sus ideas para internacionalizar a la caja. Para poder actuar con libertad se rodeó de un equipo de adictos a los cuales los retenía con subidas salariales, pero esto no lo podía hacer con los consejeros así que a estos los «compraba» con dietas de sociedades filiales. Se lanzó a invertir en México y en el Caribe, en cualquier lugar de España donde hubiera una promoción allí estaba la CAM, prestando o en sociedad con el constructor. Cuando estalló la burbuja todo se le vino abajo, estuvo intentando que el Banco de España salvara a la caja pero se hicieron muy mal las gestiones. Totalmente acosado por los problemas intentó mantener a la CAM viva hasta que pasara la crisis y para poder hacer esto no tuvo otra solución que empezar a realizar operaciones contables poco ortodoxas y que serán las que al final más pesarán en su sentencia.

Hay un tercer personaje que apenas sale en los medios, creo recordar que la última foto que vi de él fue en la portada de INFORMACIÓN a lomos de un elefante por las calles de Calcuta, me estoy refiriendo a Martín Sevilla, catedrático de Economía de la UA. Fue nombrado consejero de la CAM en el año 2002 y llevaba varios años cobrando dietas de la filial de la caja Gesfinmed, en concreto 40.000 euros en el año 2011 (por tan solo seis meses). Sevilla era también secretario de la comisión de retribuciones que fue la que autorizó el pago a todos los directivos de la CAM de un extra-bonus que no les pertenecía y de igual modo fue la que propuso al consejo el nombramiento y las dietas de Crespo como presidente de Tinser. Yo pienso que una persona que es catedrático de Economía, que fue consejero durante nueve años y que estuvo percibiendo altas dietas, no es normal que apenas aparezca en las múltiples escenas que nos está ofreciendo la tragicomedia de la CAM. Sevilla fue también conseller de la Generalitat y tuvo como director general de Comercio a Luis Boyer, el cual acaba de ser nombrado presidente de la Fundación CAM.

Como yo me leo todas las crónicas que escribe mi admirada Mercedes Gallego, hace más de un mes leí una en la que decía que en la causa que se sigue sobre las dietas de Modesto Crespo, la Fundación solo acusaba a Crespo y exoneraba a Roberto López y al resto de consejeros. O sea que para la Fundación, Modesto pasó por un despacho, vio un montón de billetes y se guardó 640.000 euros, y en la caja nadie se enteró. Ahora empiezo a entender el porqué de esta postura de la Fundación CAM.

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