El ojo crítico

Roma paga a los traidores

29.07.2016 | 04:12
Roma paga a los traidores

Habrá que fajarse para una larga lucha por otra Europa en la que no esté esa gente ni parecida. ¿Y saben lo que creo? Que a pesar de todo lo expuesto, otra Europa sí es posible

Como bien saben ustedes, Viriato fue un caudillo lusitano que venció a las legiones de Roma en Iberia una y otra vez hace más de dos mil años. Para acabar con él, en 138 a. C., los jefes romanos sobornaron a tres de sus lugartenientes para que lo asesinaran. Lo apuñalaron mientras dormía y luego fueron al campamento romano a cobrar la recompensa por su crimen. Pero el cónsul Quinto Servilio se la negó, arguyendo que «Roma no paga a traidores». Pero sí los paga. Y bien, por cierto. En nuestros días. No Roma precisamente, sino quien tiene el poder. Quien tiene el dinero.

Es ésta que les comento crónica breve de una desvergüenza impune en la Unión Europea. Los medios la llaman «puertas giratorias». Los enjuagues oscuros y pasteleos de ida y vuelta entre cargos públicos, grandes empresas privadas y corporaciones. Es traición porque se olvida la lealtad debida al pueblo trabajador. La que han de tener sí o sí los mandatarios políticos con la ciudadanía que representan. ¿O acaso los intereses de las grandes empresas, corporaciones y sector financiero, que esos mandatarios maquinadores defienden con ardor en la Unión, son los de la gente común? Ni en sueños. Por eso viene bien un breve recuerdo de que Roma sí paga a traidores.

Por ejemplo, el exministro de Economía, Rodrigo Rato (escándalos de Bankia aparte) fue nombrado consejero asesor de Telefónica para Europa y América Latina. El mismo Rato que privatizó Telefónica, por cierto. Y dos expresidentes del Gobierno (presuntamente de signo contrario), Felipe González (PSOE) y Aznar (PP), fueron fichados por grandes empresas tras dejar de ser presidentes. González por Gas Natural (empresa que había privatizado en los noventa) y Aznar como asesor de Endesa, empresa que casualmente acabó de privatizar. Casualidades con sinecuras anuales de seis cifras.

Luis Carlos Croissier, ministro de Industria, unió a finales de los ochenta todas las empresas públicas petroleras bajo la marca Repsol y preparó el camino para privatizarla. En 2007, fue nombrado consejero de Repsol privado. Pero más exministros han sido consejeros o asesores de grandes empresas españolas. Abel Matutes (Banco Santander), Marcelino Oreja (FCC), Ana Palacio (HC Energía), Josep Piqué (Vueling), Eduardo Serra (Everios), Elena Salgado (Endesa), Jordi Sevilla (PwC), Javier Solana (Acciona)? Suma y sigue.

Y en la Unión Europea, tres cuartos de lo mismo. Hace poco, la siempre equívoca banca de inversión Goldman Sachs contrató al expresidente de la Comisión de la UE, José Manuel Durao Barroso, como consejero y presidente de su negocio internacional. Sven Giegold, ponente en el Parlamento Europeo del Informe Transparencia, rendición de cuentas e integridad en la UE, ha denunciado que las vergonzosas puertas giratorias entre política y negocios siembran muchas dudas sobre el gobierno de Europa. La contratación de Barroso perjudica la reputación de la Comisión Europea. ¿Puertas giratorias? Más bien autopistas siempre abiertas. ¿Dudas? Certeza de al servicio de quien están los actuales mandatarios europeos. Por cierto, Barroso cobrará buena pasta de Goldman y recibirá una pensión de 18.000,00 euros mensuales de la UE.

Pero en la vieja Europa todo no acaba ahí, hay más desertores de la lealtad pública, como recuerda Moha Gerehou. Empezaron en el ámbito público y pasaron al privado. O al revés. Todo sea por la pasta. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, antes fue alto ejecutivo de Goldman Sachs en Europa. La misma Goldman Sachs que maquilló y ocultó las cifras reales de la economía griega para que los helenos ingresaran en la eurozona. Mario Monti, exprimer ministro de Italia, es hoy asesor internacional de Goldman y con Draghi y otros «asesoraron» a Grecia cuando falseó sus cuentas para la UE. Romano Prodi exprimer ministro de Italia, presidió la Comisión Europea de 1999 a 2004 y también fue cargo importante en Goldman. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, trabajó muchos años para esa banca. Y Otmar Issingg, miembro del Bundesbank y del Consejo del BCE es consejero internacional del repetido Goldman. Sin olvidar a Huw Pill quien, tras diez años en las oficinas del Banco central Europeo, fichó por Goldman como economista jefe europeo. ¿Quién da más?

Finalizo, pero no antes de decirles a esta caterva de mandatarios europeos, que tanto llevan ésta como aquella camiseta, ¿les sonarán las palabras ética, decencia? Habrá que fajarse para una larga lucha por otra Europa en la que no esté esa gente ni parecida. ¿Y saben lo que creo? Que a pesar de todo lo expuesto, otra Europa sí es posible.

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