26 de julio de 2016
26.07.2016

Legalidad y democracia

26.07.2016 | 04:26
Legalidad y democracia

La detención de miles de personas en Turquía, acusados de golpistas, ha sido ordenado por un gobierno que «técnicamente» es democrático: Erdogan se apoya en la legalidad vigente. Que a las pocas horas del fracaso de la intentona golpista se haya detenido a cientos de militares, jueces, docentes, permite sospechar que puede tratarse de un autogolpe o de que el Gobierno permitió que se llevara a cabo aprovechando la oportunidad para eliminar y/o atemorizar a la oposición. En Turquía es habitual que se clausuren medios de comunicación, se detenga a periodistas, se controle Internet. Resulta esperpéntico decir que se trata de un Gobierno democrático porque haya ganado elecciones; en todo caso sería legal pero no democrático.
Lo que sucede en Turquía tiene un inquietante parecido con Rusia, donde Putin, que gobierna como si fuera un zar, también gana elecciones una tras otra, con una oposición acorralada. En el reciente referéndum en el Reino Unido resulta que los que promovieron su salida de la Unión Europea reconocieron a posteriori que mintieron al electorado; preguntados por esta estafa se limitaron a explicar que se trataba de errores de campaña. De todas maneras el resultado de los comicios es legal. Referéndum: hace unos meses se realizó uno en Grecia convocado por el gobierno que recibió el apoyo mayoritario de la ciudadanía y unos días después ese resultado, el «no», se convertía en «sí». En España el Partido Popular ganó elecciones durante décadas financiadas ilegalmente, de manera corrupta, pero estas sucesivas elecciones no pueden ser impugnadas: son legales. Israel es un país democrático pero su política en Gaza viola los derechos humanos más fundamentales. En todos los continentes se pueden detectar casos parecidos: legalidad y democracia no suelen coincidir.
Ganar elecciones no siempre es garantía de que se gobierne democráticamente. Un dato que viene a cuento. Se suele decir que Hitler ganó por mayoría absoluta las elecciones a la Presidencia de Alemania en 1932. No es cierto, los nazis en las elecciones de ese año y el siguiente nunca ganaron una elección: ni a la Presidencia ni al parlamento. Si socialdemócratas y comunistas se hubieran presentado juntos hubieran conseguido más votos que los nazis... Pero, ya es un clásico, la izquierda tampoco aprende nunca y practica el cainismo con entusiasmo digno de mejor causa.

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