El mensaje de las urnas, y van dos

13.07.2016 | 03:49
El mensaje de las urnas, y van dos

Los españoles están muy mosqueados con la situación política del país, valoran como «mala» o «muy mala» la economía y, en la inmensa mayoría, piensan que el año que viene será más de lo mismo o incluso peor. Por simplificar podría decirse que estamos enfadados y deprimidos. Un 82,2% de los españoles considera que la situación económica es mala o muy mala, mientras que el 80,5% opina lo mismo del escenario político. Además, no creen que el año que viene vaya a mejorar mucho un 45,3% pensamos que nos va a ir igual en términos económicos y un 39,2% se decanta porque nos va a ir peor. En cuanto a cual consideran que es el principal problema de España, el paro (52,5%) y el fraude y la corrupción (16,4%) se llevan la palma, seguidos de lejos de los problemas económicos (9,5%).
Tres de cada cuatro españoles consideran que los políticos «no se preocupan mucho» de lo que piensa la gente y que «siempre» buscan sus «intereses personales», esté quien esté en el poder. Los ciudadanos se muestran mayoritariamente insatisfechos con la democracia y, de hecho, el nivel de confianza del Parlamento y los partidos ni siquiera se acerca al aprobado: obtienen 4,06 y 3,19 puntos, respectivamente, en una escala que va desde el 0 (no confía nada, en absoluto) hasta el 10 (confía totalmente).
A medida que avanzan las semanas, los españoles manifiestan más claramente su desagrado con el papel de los políticos. La gran mayoría piensa que los políticos van a lo suyo y que no se preocupan de los verdaderos problemas de la gente. Que los españoles están sumamente decepcionados con la política y los políticos no lo confirma solo la voz de la calle, sino también los últimos estudios sociológicos. Se podría afirmar, que el sistema democrático no está en crisis, sino el papel que están cumpliendo en él los partidos políticos.
Tras los resultados del 26 de junio, los españoles y por segunda vez, han dejado claro lo que quieren: no quieren mayorías absolutas que desempeñen el llamado «efecto rodillo». Han dicho no al populismo. Si Pablo Iglesias quiere tener posibilidades de gobernar algún día deberá aclarar y centrar su propuesta. 
Exigen que los políticos constitucionalistas pacten de una vez. Las dinámicas electorales se han aclarado. El PP tiene más fuerza ahora para liderar ese pacto, pues es el único partido que sube y PSOE, Cs y Ps han perdido escaños. Fuera personalismos y fuera manías. Pacten un programa de regeneración y reformas para los próximos 4 años, que una a todos los españoles tras un proyecto ilusionante. Dejen la Constitución tranquila, hay otras cosas que hacer. Señores políticos, pónganse a trabajar de una vez, la ocasión es ideal, no decepcionen de nuevo a los españoles.
El pueblo español no es tonto. No somos unos ignorantes que votemos a favor de la corrupción, de la falta de sensibilidad en muchos temas sociales o de unas políticas tan tibias que carecen de cualquier intención y están al dictado de intereses supranacionales. Votamos por una cierta seriedad, unas políticas no extremistas, por una España unida y, sobre todo, porque lo demás nos parece peor y no queremos arriesgar.
Al final del famoso «Discurso de Gettysburg», que pronunció en la dedicatoria del Cementerio Nacional de los soldados caídos durante la batalla que tuvo lugar allí, durante la guerra civil estadounidense, Abraham Lincoln estaba definiendo el concepto de democracia, el sistema por el que habían luchado los caídos en la batalla, por «una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio que todas las personas son creadas iguales». Estaba parafraseando y oponiendo ese lema al del despotismo ilustrado: «Todo por el pueblo pero sin el pueblo», y desarrollando un paso más el de la revolución francesa «todo para el pueblo y por el pueblo». Yo añado, pero también con el pueblo.
Lo que los ciudadanos esperan de sus diputados es que trabajen. Cada día que pasa la política española se va convirtiendo en un circo cada vez más grande pero dónde los payasos no hacen gracia. Constantes faltas de respeto entre unos partidos y otros, y entre ellos los votantes. Parece ser que el cargo político actualmente en vez de utilizarse para procurar un porvenir mejor para los ciudadanos, sirve simplemente para alzar la voz contra los contrarios y distraer constantemente la atención para ocultar la incompetencia que, algunos, ejercen en su cargo. 
Lo diré en valenciano, como lo diría mi abuelo Juan: «senyors politics, a treballar que ja és hora».

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