Moros y... moros

12.07.2016 | 04:03
Moros y... moros

¡No hay marcha atrás!. El próximo «finde» –¡vuelvo a utilizar una expresión demasiado juvenil, para mi edad, por lo que te ruego que, una vez más, me perdones la vida, por favor!- empieza a liarse parda a cuenta de las fiestas de la Reconquista de la Muy Noble, Leal y Siempre Fiel Ciudad de Orihuela. Y, llegado este momento, me sumo a la reivindicación que, en la glosa del pregón festero, hizo Isidro Hernández, quien dejó entrever que «de bien nacido es ser agradecido». El «leguleyo», con el gracejo que le caracteriza y al que nos tiene acostumbrados y pese al reparo del Inter, dijo que, lo mismo que se han recuperado ciertas «tradiciones» que hacen singular todo lo que rodea al 17 de julio, podían ponerse en valor las figuras de Isabel y Fernando, «tanto monta, monta tanto» -¿quién monta a quién?-, porque muchos de nuestros conciudadanos desconocen que los Reyes Católicos celebraron Cortes aquí -en la iglesia de Santiago- y que, por ejemplo, el aulario de las Salesas, de la UMH, se levantó en la conocida -y desaparecida- como «Casa del Paso», ya que por allí anduvieron sus majestades para echar una «cabesaica». Es más, en la fachada de la iglesia de Santiago puede verse una granada –fruta- cerrada, porque Granada -ciudad- todavía era mora en aquel momento. También se podría hacer algo con el Rey Teodomiro, quien al parecer -y según los tratados de historia- tenía de rey lo que yo de querubín, pero, en fin, daremos por bueno lo de que era un representante de la prolija realeza patria.
Nuestros moros y cristianos tienen cosas que los hacen singulares, como, por ejemplo, Gloria Valero, digo la Armengola, que, según parece, se llamaba Hermenegilda y fue una heroína –¡con perdón!- que, con su Pedro, engañó al moro cabrón que quería masacrar a los vecinos de Arrabal Roig (Rabaloche), la antigua Orihuela. Y ahí es donde nace otra leyenda, la de la Puerta de la Traición. ¿Por qué?, pues porque no hay documentación alguna de que existiera tal puerta, de la que sólo se habla en la leyenda de la nodriza de los hijos de Banzaddon y madre de los primeros «travestis» (por sus vestimentas) que tenemos conocimiento en Orihuela, Arums y Ruidoms, aunque eran muy machotes, como luego demostrarían. Supuestamente, por esta puerta, la de la Traición, se accedía al castillo que se levanta en la sierra de San Miguel, por la parte del Rabaloche, y por la que los cristianos se colaron en el recinto amurallado iniciando la reconquista de la ciudad, arrebatándosela a los moros, montando un «pifostio» que hizo época y que todavía se rememora.
Las fiestas de este año tienen connotaciones que las hacen similares a las de años anteriores, pero que al mismo tiempo las diferencian, ya que son las que conmemoran el 774 aniversario de la «requisa» de la ciudad y su desvinculación de las tropas de la media luna, con Juan de Dios Rogel, Sonia Juan, Eva López, Pedro Arenas y «Joseico» García Haro, con «H», para pasar a ser «regida» por los seguidores de la cruz, que, en esta ocasión, están representados por José Rubio y José Bo «El Karry», que es la alegría de la casa. Benzaddon no sé bien quién es, aunque creo que tengo una ligera idea, puesto que el «revistero» José Antonio tuvo a bien nombrarlo muy de pasada en una de sus contadas apariciones públicas.
Un año más, moros y cristianos, cristianos y moros, incluso aquellos que no tienen un alma festera demasiado arraigada, se harán dueños de las calles y plazas, lo mismo que el Pájaro, la Senyera de los oriolanos, esos que volverán a reclamar agua en su paseo lúdico-festivo por el barrio más emblemático de cuantos configuran la geografía urbana de una ciudad que busca la Declaración de Interés Turístico para su Fiesta, empeño en el que están inmersos todos, incluidas las concejalas de Turismo y Festividades, Sofía y Mariola, respectivamente, y por la que, parafraseando a la princesa del pueblo, Belén Esteban, «matarían», ya que supondría un importante impulso para, también, el desarrollo turístico del casco urbano, ya que la zona costera es de sobra conocida.
Un año más, los chavales del Oriol escenificarán, a su manera, la leyenda de la Armengola, sacarán el Pájaro a la calle y desfilarán con «su comparsa», los Almohabenos, porque ellos, «los chiguitos», también son Fiesta. Este año va a ser muy especial para alguien que vivirá su última «batalla» en nombre de las huestes moras, porque el tiempo no pasa en balde y ya se sabe que «una retirada a tiempo es una victoria» y «más vale irse que te echen», ¡digo yo!. El relevo está a la vuelta de la esquina y no se puede nadar contracorriente, porque, por mucho que se intente, lo normal es que termines con el culo al aire y ya se sabe que «más vale una vez colorao que cien amarillo». Este año es especial para mucha gente, que, tal vez, esté desubicada por su cargo y por su situación personal, así es que, ya se sabe que «o todos moros o todos cristianos». ¡Qué suenen timbales y clarines, empiece la música y, como diría mi amigo y «barriguero» Juan Ignacio -con todas las letras-, «ariba la festia»!.

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