03 de julio de 2016
03.07.2016
El ocaso de los dioses

Las pinzas políticas

03.07.2016 | 04:54
Las pinzas políticas

Pese a reflexionarlo en muchísimas ocasiones, incluso acompañado de sesudos e intrincados libros como «El sueño de una noche de verano», de Shakespeare; «El criterio», de Balmes; «¿Qué hacer?», de Lenin; o «El estrangulador», de Vázquez Montalbán; pese a esas sabías compañías escritas y sus sugerentes títulos tras unas elecciones generales, digo, aún no he llegado a comprender el venerable y sacramental respeto, la hipnótica consideración que el exdirigente comunista Julio Anguita produce entre el personal patrio, sean periodistas, actores y actrices de cine español, políticos, encofradoras, intelectualas o seminaristas foráneos. El llamado «Califa», ahíto de una prepotente arrogancia rayana en el mesianismo, tiene encandilados a unos cuantos y cuantas al punto de ser considerado una suerte de Oráculo cordobés al que consultar cuando el mundo va irremediablemente camino a la perdición. Y Anguita tan contento de saberse el único salvador de la Humanidad doliente, el único supuesto intelectual sin mácula capaz de discernir en pleno siglo XXI el bien del mal. Una suerte de megalómano narcisismo que se alimenta de los mediocres aduladores. Y él tan contento.

La última ocurrencia bendecida por su áurea cabeza –no hablo del resto de su look, tan estudiado como pedante– ha sido la de volver a su antepenúltima ocurrencia: la pinza al PSOE. En esta ocasión un «sorpasso» de la extrema izquierda intransigente y populista frente a la tradición socialdemócrata que ha caracterizado a los socialistas españoles estos últimos casi cuarenta años; y digo casi, porque un aciago día llegó otro líder proverbial, Zapatero, y dejó hundido al PSOE en la crispación, el enfrentamiento, el buenismo multicultural, la Alianza de Civilizaciones y la nada. Hasta hoy. Todo ello sin olvidar aquel nefasto y antidemocrático «Pacto del Tinell» firmado cuando Zapatero era Secretario General del PSOE, cargo al que accedió, curiosamente, gracias al apoyo de los socialistas catalanes. De los 202 diputados que llegó a tener el PSOE con Felipe González en 1982 (ya habían abandonado el marxismo), han pasado a los 85 cosechados por el apolíneo Sánchez y sus palmeros el domingo pasado. Hagan ustedes dos solitos las cuentas por si les cuadran; yo no puedo porque soy de letras. Y el envarado amigo Anguita, no contento con aquella pinza de 1995 intentada junto al PP, pontifica con otro intelectual avant la lettre como Alberto Garzón una nueva pinza, un sorpasso al PSOE, aunque ello le cueste a IU su propia existencia. Lo dijo el mismo Anguita hace un mes: «no me preocupa dónde estará IU dentro de 4 años». En vez de leerse de nuevo «Qué hacer», de Vladimir Ilich Uliánov, se apuntan al «Qué más da», de Julio Alberto Anguita Garzón, con prólogo de Iglesias.

El resultado de las elecciones del pasado domingo no solo refuerzan, sorprendentemente, al PP y su ajado líder Mariano Rajoy, sino que vuelven a suponer un fracaso para las políticas diletantes de la dirección socialista de Sánchez y cía., sociedad en comandita, más preocupados por su futuro que por el futuro del PSOE. Y suponen a la vez un formidable golpe de realismo marxista en el mentón populista y «socialdemócrata» de Pablo Iglesias (el otro)? el otro que creía que los ciudadanos y las ciudadanas son tontos y tontas al intentar venderles ese viscoso crecepelo que ellos y ellas, unidos, pretendían suministrar tan burdamente. Y digo unidos, no unidas, matiz que se les coló a los súper progres en el catálogo de la república de los muebles al traicionarles el subconsciente. Los podemitas han perdido, en coalición con la agonizante IU, más de un millón de votos de nada (votos, por cierto, que curiosamente tampoco han aterrizado en el PSOE). Llegaron a soñar con ganarle al PP y ni tan siquiera han superado al PSOE. ¿Sigue sin preocuparte, Julio, dónde estará IU dentro de 4 años? Cuando ustedes dos sean mayores, aunque no tan provectos de expresión como Anguita, deberían aprender de memoria su frase de hace unos meses, aunque corran el riesgo de perder la memoria para siempre: «Pablo Iglesias ha conseguido con Podemos lo que yo quise: crecer a costa del PSOE». Ahora, Podemos e IU, sus infalibles líderes, con la inestimable ayuda del Califa, siguen creciendo hacia atrás a costa del crecepelo que inventaron. Hasta un hombre como Lenin, de lucida cabellera merced al ungüento prepodemita que se administraba para competir con la melena de Máximo Gorki (Lenin murió, como manda la ortodoxia proletaria, en la mansión-palacio Gorki, luego bautizada –perdón– «Gorki Léninskiye»), les habría aconsejado no leer «Un paso adelante, dos pasos atrás». Hay libros que los carga el diablo, aunque algunos y algunas crean que están descatalogados.

La pinza de Anguita (el oráculo), Pablo (el otro) y Alberto (el de siempre) contra el PSOE no ha funcionado, afortunadamente. Queda ahora por saber si los socialistas que llegaron un día a tener 202 diputados, a posicionarse en políticas socialdemócratas sensatas, homologables con las de sus pares europeos, tolerantes, dialogantes, no sectarias, son capaces de cambiar el rumbo que una dirección errática, personalista y solo pendiente de su futuro personal les ha impuesto. De lo contrario habrá más pinzas, tantas, que al final una de ellas los sacará del mapa electoral.

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