Pensamiento estratégico, innovación y planes de contingencia

28.06.2016 | 04:30
Pensamiento estratégico, innovación y planes de contingencia

El pasado día 1 de junio publicaba en esta misma columna el artículo titulado Brexit y turismo, con un análisis de los principales impactos sobre el turismo que podría llegar a tener la salida del Reino Unido de la Unión Europea, especialmente en nuestra zona, aunque mi convicción profunda era que esta era una alternativa improbable.
Pero ha ocurrido. El brexit se ha producido. Los ciudadanos del Reino Unido han votado, en mi opinión, más con el corazón que con la razón. Con un corazón, eso sí, alimentado de justificaciones que en la empresa calificaríamos de cortoplacistas. Y sabemos que no se pueden tomar decisiones solo de corto plazo para empresas que pretendan sobrevivir al tiempo de sus gestores.
El pensamiento estratégico frente al táctico, que aun en situaciones tan inestables desde cualquier punto de vista (geopolítico, tecnológico, etcétera), sigue siendo imprescindible para la empresa. Ahora más que nunca, anticipar el futuro con una visión y un planteamiento flexible, es fundamental para las compañías y también lo es para la sociedad.
No se puede tomar decisiones del calado de un referéndum como el planteado para salvar una legislatura y mucho menos por intereses particulares o de partido. Son decisiones de las que hemos llamado tácticas para abordar un tema estratégico.
Es verdad que la estrategia, al final, deriva en una serie de decisiones tácticas, pero enmarcadas en la visión a largo plazo. Y creo que la sociedad Reino Unido no había definido el día después.
Pero no son las razones del referéndum las que motivan este artículo, ni siquiera el impacto en nuestra economía y específicamente en el turismo, de los que ya hice mención en aquel artículo mencionado, sino el análisis de nuestra posición y algunas cosas que podemos aprender de esta situación.
Decía entonces que solo aprendemos en las crisis, y aun en esos casos no siempre se trata de aprendizajes permanentes. Recuerdo, por ejemplo, el problema de hace algunos años –que afortunadamente quedó solo en un susto– con la gripe A.
Muchas empresas, incluso muy grandes, se dieron cuenta entonces que no habían previsto contingencias que podían ser muy graves en caso de producirse. Y no tenían, por tanto, alternativas. ¿Qué podría ocurrir, por ejemplo, si como consecuencia de una epidemia o una catástrofe natural de cualquier tipo, las personas del centro de proceso de datos de un banco no pudieran llegar a su centro de trabajo? En algunos casos se habilitaron protocolos de actuación para prever estas circunstancias, como activación y control del sistema desde ubicaciones alternativas, diferentes back ups, desarrollo intenso de la «nube» para alojamiento de datos, etcétera.
La anticipación estratégica, la previsión de alternativas de actuación y, naturalmente, la innovación, son claves fundamentales en la empresa. Y cuando hablamos de turismo, tenemos que referirnos necesariamente a la tradicional innovación en producto, impulsada y muy condicionada en este tiempo por la tecnología y sus ya evidentes impactos disruptivos sobre los negocios actuales; pero también a la innovación en marketing, en mercados, a la identificación de nuevos colectivos de clientes potenciales capaces de suplir, si fuera necesario, el descenso de mercados tradicionales.
Creo que el brexit ha sido una mala opción. Tratemos, al menos, de obtener conclusiones que nos permitan corregir problemas futuros.

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