20 de junio de 2016
20.06.2016

En la hora de la confusión

20.06.2016 | 05:54
En la hora de la confusión

Toda Europa, y desde luego España, están sufriendo las consecuencias de una crisis cuyos efectos serán duraderos. A partir de sus propias contradicciones internas, la crisis en Europa ha sido manejada en beneficio de poderosos grupos de presión, con su epicentro en Alemania, dejando un rastro de sufrimiento social y de descomposición que amenazan con acabar con un proyecto promisorio basado en valores y principios de orden civilizatorio.

En este contexto de confusión no es extraño que hagan su aparición viejos demonios que creíamos conjurados. Todos los signos apuntan en una misma dirección: volver al ultra-nacionalismo. Desde el Brexit, hasta la internacional de extrema derecha reunida estos días en torno a Marie Le Pen, pasando por los rebrotes fascistas que claman contra la acogida a refugiados y desplazados (y, todo hay que decirlo, los cernícalos ultras que se miden en la Francia de la Eurocopa) ofrecen un escenario siniestro que, sin embargo, es el paraíso de los movimientos populistas y autoritarios. Habría que estar muy atentos para no dejarse llevar por los cantos de sirena que solo buscan pescar a río revuelto para volver a las andadas.

Como españoles hemos de celebrar no tener entre nosotros fuerzas políticas de extrema derecha en el Parlamento. Pero eso no impide constatar que, en ciertos aspectos, los fenómenos populistas en alza coinciden, por otros caminos y por muy de izquierda que se presenten, en objetivos similares.

No se trata de adjudicar a nadie la etiqueta populista. Son muy respetables y legítimas las aspiraciones de las personas que respaldan a UP, hartos, como otros muchos, de los recortes y las políticas antisociales que ha llevado a cabo el Partido Popular a lo largo de estos más de cuatro años, abriendo una brecha social y una desigualdad sin precedentes. Pero es preocupante el manejo que de ellas hace la cúpula de esta coalición que se mueve en una ambigüedad calculada y cuyo único objetivo es alcanzar el poder a toda costa.

Tal ambigüedad no impide descubrir que, en la amalgama de siglas que UP ha logrado reunir, se encuentran fuerzas decididas a salir de Europa y del euro, forzar refrendos anticonstitucionales de autodeterminación en diversos territorios de España (disfrazados del inexistente derecho a decidir) e imprimir dinámicas frentepopulistas que pueden llevar a España a un bloqueo institucional y a la radicalización política y social entre bloques enfrentados. Si este programa se alentara y se tratara de imponer no sólo peligraría la estabilidad institucional, y con ella las posibilidades de recuperación y de empleo, sino que el cambio real, el cambio posible, se frustraría.

España no necesita mirar a otro lado para encontrar su propio camino. Aquí no vale introducir recetas neoperonistas, ni copiar a Grecia, a Dinamarca o a Suecia, según convenga. Basta con ser conscientes del camino recorrido desde la democracia, analizar el momento actual y encontrar las vías del cambio que necesitamos. Porque es evidente que España necesita un cambio que vindique los derechos de los excluidos y maltratados por la crisis y las políticas antisociales, que recupere la confianza en las instituciones y que permita avanzar en la cohesión social, tanto dentro como en el conjunto de Europa.

La condición última y necesaria para ello, en esta hora de confusión, es permanecer firmemente anclados en la Constitución (una Constitución que precisa ciertamente de reformas), en el marco de la cual tejer las alianzas necesarias para llevar a cabo el cambio real que reclama la inmensa mayoría de españoles y españolas.

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