15 de junio de 2016
15.06.2016

No te acabes nunca, Andrés

15.06.2016 | 05:19

El homenaje que le brindó Iniesta al fútbol el lunes por la tarde en Toulouse merecía una victoria como fuera. Se la concedió a última hora Piqué con un testarazo picado para desterrar el fuego amigo que le ha silbado en los últimos años. España arrancó segura y convincente, minimizando a la mínima expresión a la República Checa, con variedad de recursos y paciencia para madurar el encuentro. Y la correcta actuación de De Gea a fin de calmar las aguas turbias del escándalo Torbe. La Eurocopa comenzó a vibrar con la exhibición de Iniesta.

Nadie aprecia tanto al manchego como sus compañeros de profesión. Hasta sus rivales, cuando le golpean, parecen lamentarlo: saben que es un genio surgido de la normalidad, el deseo de cualquier niño de ser futbolista sin unas notables condiciones físicas. Todo pasa por su privilegiada cabecita. Como esa media docena de pases entre líneas solo al alcance de los dioses, entre una nube de defensores checos.

Como se preveía, Iniesta y Silva ocuparon esas zonas blandas de un adversario cerrado a cal y canto en su área, tratando de hallar el remate definitivo de Morata. El delantero de la Juve se movió con criterio por todo el frente de ataque, bien secundado por Nolito y por la llegada de los laterales a la línea de fondo, pero le faltó malicia para derribar a Cech. El meta checo es un gigante acostumbrado a ganar partidos y títulos casi por su cuenta (la Copa de Europa con el Chelsea de Roberto Di Matteo en 2012 frente al Bayern en su propia casa). Vicente del Bosque agitó el banquillo dando paso a Thiago, Aduriz y Pedro, que siguieron buscando las cosquillas a Cech.

A Iniesta le quedaba el último truco: el centro enroscado desde el pico izquierdo del área que interpretó Piqué, siempre tan listo, en el primer triunfo de España.

A Del Bosque le preocupaba sobre todo una cosa: que el equipo estuviera fresco, completamente alejado de la melancolía que lo atrapó en el Mundial de Brasil 2012.

La calidad de España es imbatible: ninguna selección disfruta de seis futbolistas del máximo nivel.

Pero deben llegar con la chispa necesaria al torneo. Por lo visto el lunes en Tolouse, le falta a Cesc Fàbregas, pero puede recuperarla a medida que avance el campeonato. Con el viento a favor pueden ir enganchándose Thiago, Pedro, Lucas Vázquez y, como especialista para el último cuarto, Aduriz. España necesitaba arrancar con fuerza para apuntalar los pilares del fútbol creativo, socavados por la debacle del último Mundial. Iniesta es el apóstol y hay que seguirlo.

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