Los programas y los problemas del agua

14.06.2016 | 04:55
Los programas y los problemas del agua

Para Naciones Unidas el problema del agua en el mundo será el gran reto de la comunidad internacional en las próximas décadas. Este recurso, a diferencias de otros recursos naturales que hoy mueven el mundo, no tiene sustituto alguno. No hay alternativa, o hay agua o no hay vida. Por ello, desde la sede de la ONU se alerta a la toma de medidas serias y rigurosas que garanticen este recurso con garantías de suministro futuro, eficiencia, respeto medio ambiental y, sobre todo, con rigor. Las recetas de salón no sirven, porque los escenarios idílicos no se producen nunca en la realidad. Hay que huir de la situación soñada para hacer frente a la realidad hoy vigente. Y desde ese plano actuar. Lamentablemente, muchos partidos no se encuentran en ese plano mental y proponen desde la ensoñación de hacer economía o ecologismo de salón.
Así lo atestigua una somera lectura de los programas electorales de algunos partidos que aspiran a dirigir las riendas de nuestro país, de determinar nuestro presente y asentar las bases de nuestro futuro. Y la verdad, generan pocas ilusiones.
El caso de Podemos es sintomático, en su versión nacional o en su versión «A la valenciana», en la que se olvidan de otros territorios que también deberíamos contar. Así visto, la cuestión del agua se resume en el cumplimiento de la Directiva Marco de la Unión Europea como si las actuaciones desarrolladas hasta ahora no las cumpliéramos. El Programa Agua nace de esta directiva básica, programa que permite que infraestructuras como las desalinizadoras garanticen el agua que no tendríamos durante esta sequía de no haber sido construidas por el anterior gobierno de socialista. Ocurre lo mismo con la vigencia de los trasvases hoy operativas, como el Júcar-Vinalopó y el Tajo-Segura. Ellos también son básicos y respetuosos con la Directiva Marco.
Pero su programa sólo se ciñe en materia de agua a dos cuestiones. La primera, a la redacción de una nueva Ley de Agua que asegure caudales ecológicos a nuestros ríos. Naturalmente es un principio irrenunciable, pero el agua también tiene un elemento que da vida a los ríos y a las personas. Y debe constar una propuesta básica para la provincia de Alicante como es la dotación a la agricultura y al sector servicios. Más preocupante es cuando «A la valenciana» habla de incrementar el caudal ecológico del Tajo a su paso por Aranjuez a los 11,74 metros cúbicos por segundo. Un dato que significa, sin proponer alternativa alguna, el cierre del Trasvase Tajo-Segura. Miedo dan.
Por su parte, el PP ha ido evaporando su discurso del agua ahogados en un mar de contradicciones. No dicen nada nuevo y todo lo que mencionan rectifican la política que han ejecutado hasta ahora. El PP de Rajoy sólo tiene una intención clara en materia de agua: asegurar un nuevo mercado privado a través del único recurso –además del aire– que no está mercantilizado al completo. El agua como mercancía del que la tiene por derecho al que la pueda comprar por fortuna, que no suerte, sino euros. Al mismo tiempo, Ciudadanos desaparece del tema y no tiene ni voz ni palabra en esta materia, más allá de compromisos inconcretos.
Los socialistas, que tenemos la ventaja de que el tiempo nos ha venido dando la razón en todas y cada una de las propuestas desarrolladas, vamos a las elecciones del 26J con una propuesta integral donde todas las herramientas deben estar al servicio del medio ambiente y de la generación de buenas condiciones de vida de todos los territorios. Inversiones en mejora de regadíos, que haga menos dependientes de los trasvases; garantía del funcionamiento de los trasvases mientras no hay ninguna otra alternativa factible y real que no perjudique a nadie; eliminación de los proceso de especulación del agua y generación de bancos públicos de agua que garanticen el suministro; y la redacción de conciertos de diálogo entre el conjunto del Estado para prever situaciones de sequía donde el agua no tenga dueños, sino destinatarios en función de necesidades.
Se trata de una política que, desde el PSOE, se cimente no en regalar el oído a nadie, sino en decir la verdad a todos. Donde nadie gane nada, sino que todos dejemos de perder. Porque en materia de agua, la limitación de recursos exige equilibrar balanzas, equilibrar justicias.

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