Juventud, perdido tesoro

13.06.2016 | 04:28

Julia tiene un trabajo precario, no sabe cuánto le durará, pero ha decidido emanciparse junto a su compañero Juan, que trabaja en la hostelería los fines de semana desde hace un año. Van a alquilar un piso barato y aguantar, mientras puedan sostenerse económicamente. No tendrán hijos, ni coche propio, ni muebles modestos, ni vacaciones. Ella tiene 28 años, él 32, estos jóvenes son unos «privilegiados».


A esta juventud, nos la estamos cargando a marchas forzadas. ¿Cómo debemos ayudarla y que nos ayude, a entrar juntos en una sociedad mejor, más justa e igualitaria? No olvidemos que Hitler, utilizó a la juventud para devastar Europa. Por tales antecedentes, los sistemas económicos y sociales actuales deberían cambiar urgentemente las políticas, porque la ley natural de supervivencia humana, ha demostrado, que si se dejan correr los acontecimientos, el monumental batacazo es inevitable.


Todos necesitamos cambiar el presente, para mejorar el futuro. Las playas desaparecen, pero no los atascos de coches, el petróleo sigue pudriendo la atmósfera y los océanos, mientras se aparcan las energías renovables, para beneficio exclusivo de una minoría multimillonaria. Los jóvenes perpetran poemas, se suicidan o emigran, con sus carreras a cuestas, con sus diplomas, sus másteres, sus cursos de inglés, que tantas lágrimas han costado, aparte del atraco económico a sus familias o a la sociedad.


Y es que tenemos una juventud tan sana, tan preparada y tan buena, como inocente e ingenua. (Todos hemos vivido un tiempo de la inocencia.) Les organizamos botellones, fumatas, ropajes de moda, propaganda basura. Los introducimos en los mundos infantiles y virtuales del guasap y el internet para que se desinhiban de toda mala leche, y vivan otros mundos de fantasía. Pero? ¿qué hay de la realidad material del día a día? la que parece haber desaparecido de sus ámbitos, y que cuando aparece, les da con la puerta en las narices?


Nuestra juventud, sin futuro, ha decidido no procrear y resignarse y entregarse a la inercia de la depredación social y moral del trabajo POR GOTEO, o a la enclaustrada apatía del hacer por hacer sin aguardar nada. Envejecer obligado, en la casa familiar y la olla comunal, mientras aguante la paga del papá o del abuelo jubilado con su microsueldo; y lo peor es que estas anomalías sociales, se han asentado en el vocabulario «normal» de la gente, como algo inamovible? ¿Hay que seguir aguardando?


¿Dónde están los partidos políticos votados por la mayoría social en crisis? ¿Dónde están los planes de choque laborales, donde se forjen las bases económicas que produzcan un derecho real al trabajo decente y duradero, con un salario digno, en un tiempo digno, con prioridad para los jóvenes y las familias que tienen a todos sus miembros en paro? ¿Dónde están los sindicatos de «clase»? ¿Dónde están los jóvenes??

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