La independencia del esfuerzo empresarial

06.06.2016 | 04:23
La independencia del esfuerzo empresarial

Cuando me refiero a la independencia del esfuerzo empresarial no me estoy refiriendo de modo individual al empresario, sino igualmente a los trabajadores, qué es una empresa sin productores y qué son los trabajadores sin empresas, es una comunión que no puede estar nunca desligada, con sus pros y sus contras, se quiera o no se quiera siempre nacen intereses opuestos, no debía de ser así pero somos personas y las personas no somos perfectas.


Pero lo que sí se debe de exigir al responsable empresarial es una conducta intachable en cuanto a sus deberes laborales, y al obrero una responsabilidad en la parte productiva, hay que tener presente que los beneficios empresariales proceden del producto y de su producción, y estos beneficios hay que refrendarlos con la plusvalía del trabajo. Pero aunque anteriormente he expuesto estas reflexiones, lo que quiero referirme es a una trayectoria en el tiempo y a una situación actual.


En el año 1960 hubo un movimiento industrial en nuestra ciudad, España se había abierto de una forma limitada al extranjero, y ello propició que el producto base de Elche, el calzado, tuviese unas vías de producción en cuanto a introducir su artículo en mercados extranjeros, fechas en las cuales Elche pudo ofrecer puestos de trabajo a muchos españoles que se trasladaron con sus familias a nuestra ciudad y que fueron pieza clave en que nuestra economía local se desarrolla en todos los sentidos: servicios, construcción, consumo.


No fue una época fácil, era una época de transición política, pero qué, ¿influyó en nosotros en cuanto a nuestro desarrollo económico? En nada. Los ilicitanos de origen y los de adopción se dedicaron al trabajo y a procurar por su bienestar. En ningún momento nos hemos sentido amparados por la parte política ni por la parte dirigente, por eso en el título me refiero a la independencia, una independencia que nunca hemos exigido sino que se nos ha impuesto. Una independencia en cuanto a que yo me guiso y yo me lo como, pero nunca hemos sido invitados del gobierno. Lo conseguido no se lo debemos a ayudas que nunca se nos otorgaron, y generalmente a la pequeña y mediana empresa, no existíamos, para quienes en diferentes tiempos siempre se acuerdan de nosotros cuanto nos precisan para acceder a los sillones.Estamos en nuevos tiempos, y de nuevo se nos vuelve a pedir que decidamos políticamente en cuanto a quienes deben decidir nuestro futuro. Pero sin embargo, no exponen en sus peroratas, impregnadas de demagogia, los problemas económicos que existen, cómo poder resolverlos, cómo apoyar la industria, o cómo apoyar al obrero. En aquellos años del 60, no fueron los políticos los que ayudaron con sus medidas económicas, estaban más preocupados por las políticas, fueron los empresarios y los sindicatos de trabajadores, ya en los 70, los que con sus intereses contrapuestos iban llegando poco a poco a acercar sus posturas. Las reivindicaciones sindicales poco a poco iban consiguiendo una nueva perspectiva para la clase obrera, los empresarios tenían que adaptarse a una nueva configuración. No fue tarea fácil pero opino que se consiguió. Habrá que agradecer mucho, tanto a unos como a otros sus posturas en aquellos tiempos. Con ello mis queridos amigos llegamos a entender que si en aquellos tiempos fueron estas fuerzas las que consiguieron los logros, cómo podemos actualmente ser creyentes de una clase política en general que unos por actividad y otros por inactividad nos han llevado a una situación en la cual han destruido una clase media que con tanto sacrificio pudimos conseguir.


Lo conseguido fue por el pueblo, un pueblo modelo de trabajo y de virtudes. Qué nación hubiese consentido todo lo que nos está ocurriendo al pueblo llano español. Los juzgados repletos de denuncias y de sentencias, políticos en cárceles y otros a punto. Ya está bien el ciudadano lo que quiere es que con la mayor celeridad se resuelvan todos estos vergonzosos asuntos, y se empiece una era donde podamos desarrollarnos dentro del orden, del respeto al ciudadano, y el principio de la buena administración.

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