La luz de las Clarisas

02.06.2016 | 04:44

Dar vida a lo sucedido en 1517 es complicado puesto que se carece de elementos que nos posibiliten una «ilusión teatral» más profunda de los hechos relacionados con la llegada de las monjas clarisas a nuestra ciudad. Por eso, a veces, es la anécdota la que ocupa el vacío de cómo contar la historia, lo que dificulta un buen desarrollo dramatúrgico sobre dichos acontecimientos. Lo principal es que exista un compromiso entre verdad histórica y verdad dramática. Y ese compromiso se encuentra en la particularidad de los hechos narrados en «La luz de las clarisas».


La lectura y la investigación sobre ese periodo de nuestra historia invitan a una escritura, con aportaciones a la historia que se narra, más matizada, más rica y más sensible de estructurar dramáticamente.


«La luz de las clarisas», llámese o no obra histórica, se refiere a una eventualidad y representa un momento histórico de la evolución social y religiosa que, junto a los mercedarios establecidos en nuestra ciudad, dieron consistencia espiritual a las gentes de nuestro pueblo.


La relación entre teatro e historia es un elemento constante en la propuesta teatral. Relación complicada, ya que es difícil trasladar la historia a una obra sin que sufra modificaciones. Ello nos lleva a representar la realidad de forma simplificada, reduciendo a lo esencial sus características más importantes sin detalles excesivos. Como tampoco permite progresar con más precisión en la fidelidad de los acontecimientos de 1516-1517.


Por eso, no podemos con esta aproximación dramática a la historia hablar de portavoces del pensamiento de la época sino, más bien, como decía antes, de recreación abreviada y de conocimiento sereno de ese retazo de nuestra historia local, donde el relato, el espacio, la imaginación y la creatividad de los elementos que intervienen hacen posible la visualización, con su textura teatral, de lo que pasó y de otros sucesos que no están escritos.


Pintar la historia con personajes vivos, de gran riqueza interior, facilita un conocimiento más intenso y apasionado para el espectador de lo que se representa. Por ello intervienen personajes reales de las distintas épocas con sus nombres, apellidos y cargos.


Teatro dentro del teatro; teatro que enlaza distintas épocas muy significativas del devenir de las monjas clarisas, pasando por el siglo XII-XIII con Clara y Francisco, deteniéndonos al principio del siglo XVI con la fundación del Monasterio de la «Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo» y con el hilo conductor de tres monjas del siglo XXI.


«La luz de las clarisas» es una obra de hondo espíritu franciscano. He tratado de encontrar una dimensión más profunda y espiritual, un espacio más inmaterial pero a la vez más real, partiendo del legado de Francisco y Clara, y de la vida silenciosa y contemplativa de las monjas clarisas que han inspirado la interpretación y redacción del texto dramático; una obra que intenta iluminar el camino para entender mejor la esencia de aquellos y aquellas que, dejándolo todo, despliegan puentes y estrechan lazos entre el mundo real y el universo espiritual que todos llevamos dentro.


«La luz de las clarisas» es una obra compleja por su dimensión espacio-tiempo. Espacio por donde evolucionan los personajes y que el espectador debe construir con su imaginación. Y tiempo, tiempo vivido por la conciencia del espectador vinculado al desarrollo escénico en las distintas épocas de la historia representada. Complejidad resuelta con el trabajo de actores y la puesta en escena de Javier Rico.


He procurado con esta obra teatral ser fiel con Francisco y Clara, pero sobre todo con la comunidad de las hermanas clarisas de Elche que tantos siglos han estado ocupadas y vigilantes de la salud espiritual de nuestro pueblo.


«La luz de las clarisas» se inspira en esa luz que se expande en el mundo, alumbrando con su oración los lados oscuros del alma. «Dulce es la luz y en tu luz, monjas clarisas, vemos la luz»: luz suspendida en nuestra ciudad durante 500 años.


Y como diría la Madre Abadesa Clara del Niño Jesús: «La luz es la belleza en su esencia, en ella se contempla lo que es y lo que tiene, pero es tan sutil que no se puede tocar, más ella sí nos alcanza e irradia».

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