Tribuna

25M38. No fue sólo el mercado

28.05.2016 | 04:04

Ha sido el ataque en solitario más destructivo de la Guerra Civil Española». Con estas palabras describía el diario estadounidense The New York Times el bombardeo del 25 de mayo de 1938 sobre la ciudad de Alicante. Muchos diarios internacionales dieron la noticia en sus páginas interiores a lo largo de los días siguientes, pero llama poderosamente la atención que la noticia del rotativo neoyorquino ocupara un espacio en la portada al día siguiente de la masacre y que los datos que aportó se aproximen mucho a lo ocurrido ese fatídico día.

Pero no fue el Mercado Central –o mejor dicho, la plaza del Mercado– el único lugar donde cayeron las bombas. The New York Times da para el Mercado una cifra aproximada de 100 muertos citando fuentes oficiales. El resto, hasta las supuestas 250, se correspondería por tanto a fallecidos en otras partes de la ciudad. En los días posteriores algunos de los 1.000 heridos morirían, por lo que la cifra de más de 300 víctimas mortales que se baraja a día de hoy no nos parece exagerada. Por suerte nos han llegado relatos de personas que vivieron aquel bombardeo desde otros puntos de Alicante desafortunadamente situados en la trayectoria de los aviones italianos.

Según testimonios recogidos en el blog de Alicante Vivo, cerca del Mercado las bombas alcanzaron la conocida Tienda de la Uva, matando a algunos de los clientes y dejando malheridos a los demás. Una de las clientas quedó ciega al caerle encima todas las botellas de vino.

Gracias a esos mismos testimonios sabemos que una parte de los proyectiles fueron a caer en los alrededores de la Muntanyeta. En el número 9 de Pintor Agrasot la metralla alcanzó a Asunción Giner Llorca y a su sobrina María, naturales de El Campello. María fue rescatada por un viandante que la llevó a la Casa de Socorro; su tía Asunción, malherida, se refugió en la portería del edificio del que acababa de salir y falleció después, a causa de las heridas sufridas.

Cerca de allí, entre la actual calle San Francisco y la del Cid, se hallaba la redacción y talleres del diario El Luchador. Gracias al testimonio del entonces aprendiz Francisco Mira Blasco sabemos que las bombas alcanzaron el edificio, destrozando los talleres y acabando con los veinticinco años de historia del periódico; sin embargo, Álvaro Botella (propietario del periódico), el aprendiz y un cliente que entraba en esos momentos en la redacción lograron salir indemnes del bombardeo.

Gracias al informe realizado por el arquitecto Juan Vidal Ramos sabemos que dos bombas cayeron sobre el edificio de la Caja de Ahorros de la calle de San Fernando en cuya fachada son visibles aún los impactos de metralla. En el informe, conservado por mi abuelo, Vidal explica que los daños causados son severos y que el edificio está reventado por dentro. La onda expansiva rajó los tabiques, desencajó puertas y arrancó las rejas de las ventanas, dejando inutilizado todo el edificio. Una copia de este informe fue entregado por el que estas líneas escribe al Archivo Histórico de la CAM, donde hoy dormirá el sueño de los justos...

Gracias a la búsqueda realizada por Manuel José Aliaga sabemos cuál fue la versión manipulada que se dio de este bombardeo al público italiano. Según recoge La Stampa en su edición del 26 de mayo, las fortificaciones costeras de la ciudad habrían sido dañadas, una fábrica de armamento habría quedado totalmente destruida y dos cuarteles militares afectados. Una absoluta invención de principio a fin. Sobre las víctimas, únicamente afirma de pasada que los datos (200 muertos y 300 heridos) provienen de «fuentes rojas», y por tanto, huelga decir que no las considera fiables.

Estamos seguros de que, con el paso de los años, se irán incorporando más testimonios de supervivientes de otros puntos de la ciudad que fueron alcanzados esa mañana de mayo por las bombas, de otros rincones que fueron devastados por los aviones italianos, y surgirán nuevas voces para continuar recordando y reconstruyendo la historia de nuestra ciudad; una historia que se detiene, por un instante, cada 25 de mayo. Y no sólo en el Mercado.

(*) Firman también este artículo Ernesto Martín Martínez y Xavier López Díez, Asociación Cultural Alicante Vivo.

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