Correo urgente

Vargas Llosa y lo imprevisible

27.05.2016 | 04:48
Vargas Llosa y lo imprevisible

Mario Vargas Llosa, escritor peruano que adquirió la nacionalidad española, es uno de los más importantes novelistas contemporáneos y uno de mis autores favoritos, con obras que recuerdo especialmente como Pantaleón y las visitadoras o La ciudad y los perros.

Cinco Esquinas es un barrio de Lima en el que se encuentran cinco calles de variados trazados urbanos y es también el título de la última novela del Premio Nobel de Literatura de la que me cuentan es una historia policial y de intriga que se transforma en una suerte de mosaico de la sociedad peruana en los últimos meses de la dictadura de Fujimori.

Y a propósito de su novela, y en una entrevista, el escritor peruano dice cosas tan interesantes como que siempre hay que estar abierto a lo imprevisible, y que no hay que tenerle miedo a los años, de manera que lo más importante es no perder las ilusiones y tener proyectos, y no llegar muerto a la muerte, para no morirse en vida, sino mantenerse vivo hasta el final.

Y me parece muy acertado Vargas Llosa pues la ilusión está conectada a emociones positivas, de manera que cuando nos ilusionamos nos sentimos inspirados y plenos, y nuestro estado emocional cambia, y nos sentimos alegres y cargados de energía, pues la ilusión es la fuerza que nos empuja a alcanzar nuestros objetivos, y también nuestra compañera de viaje, ayudándonos a hacer realidad nuestros sueños, ya que en la búsqueda y en la expectativa radica la mayor parte de la felicidad, pues, y vuelvo a citar al novelista y poeta británico Gilbert Keith Chesterton «hay algo que da esplendor a cuanto existe y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina».

De modo que me apetece mucho leer esa novela de la que su autor que acaba de cumplir ochenta años dice que es su obra más improvisada y que la función de la novela es hacer que uno salga de su realidad y viva la del libro.

Por lo que pregunto a una amiga, con la que tomo café, su opinión sobre Vargas Llosa, y mirándome, me sonríe y me dice: ¿te refieres, claro, a lo que pienso de su romance con Isabel Preysler?, a lo que asiento, y me cuenta que le parece una bonita y romántica historia de amor.

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