Don Quijote y Óscar Esplá

25.05.2016 | 04:20

Qué mejor Orquesta que la Sinfónica del Conservatorio Superior de Música que ostenta honoríficamente el nombre del compositor Óscar Esplá para haber brindado en el Auditorio de la Diputación Provincial de Alicante, y bajo el patrocinio del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, su episodio sinfónico Don Quijote velando las armas (Aventuras, Fantasías y Paisajes), en su segunda versión para gran orquesta , estrenada en Madrid por la Orquesta Sinfónica del maestro Arbós en 1927, 380 años después del nacimiento del inmortal escritor cervantino, del que se conmemora este año el IV centenario de su fallecimiento. Episodio para el que se inspiró el compositor a partir del ensayo Meditaciones del Quijote de José Ortega y Gasset.

De una duración aproximada de 18 minutos, esta obra ya reafirma ese movimiento del sinfonismo musical español de tintes folklóricos nacionalistas al que se adscribe nuestro maestro alicantino Esplá en unión de Manuel de Falla, quien fue el que le hizo invitación a escribir la primera versión en forma de Preludio dado en première en Alicante en el Monumental Salón Moderno un 19 de diciembre de 1924 por la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla –fundada por el maestro andaluz– a las órdenes de Ernesto Halffter.

La Veillée d'armes de Don Quichotte es el título original en francés de la partitura –subtitulada Meditaciones y esperanzas de Don Quijote durante la noche en que veló las armas– que Max Eschig editó en París en 1930, y es ésta la versión en la que se ha basado la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Óscar Esplá –que integran cerca de 70 alumnos instrumentistas– bajo la batuta magistral del profesor Iñaki Lecumberri para ofrecer una lectura de una composición –comprendiendo los movimientos Prelu-dio, Danza y Final– ya vanguardista de por sí para su época, dadas su técnica y orquestación novedosa con llamativos cambios de tonalidad por medio de sus fuertes contrastes y dinámicas, y de un colorido orquestal y frescura fascinantes que se aproxima a un estilo impresionista, pero sin perder sus rasgos genuinos identificativos de la Música Española.

En ella aflora ese tema esplasiano –que podemos apreciar en obras posteriores como La Pájara Pinta– basado en su peculiar escala modal que recrea el canto popular levantino, viéndose iniciado por el sonido del clarinete secundado por la flauta, o la trompa, y por los matices que impregnan instrumentos folklóricos como las castañuelas al aire de seguidillas manchegas dentro del segundo tiempo de danza, y enriqueciendo la sonoridad de la masa orquestal todas las familias instrumentales.

También interviene el piano apenas perceptible por el tutti de la orquesta. Y en ese final, acelerando en fortissimo para ir en decrecendo, sobresale un solo de violoncello que emula un soliloquio del ingenioso hidalgo el cual se arma caballero en la serenidad de la alta noche de la venta manchega, que es el trasunto literario-musical evocador de este episodio o poema sinfónico, podríamos calificarlo asimismo, para quedar el discurso sonoro como suspendido, in sostenuto, ante el interrogante de qué nuevas hazañas o aventuras le vislumbrará el porvenir.

Este concierto-homenaje al universal autor de El Quijote–al que precedieron las obras mozartianas Obertura de El Rapto en el Serrallo y el Concierto para piano y orquestan nº 20, en Re menor, brillantemente ejecutado por la profesora solista ucraniana Iryna Zhebrun– se cerró interpretando la Orquesta del Conservatorio Óscar Esplá la obra del villenense Ruperto Chapí, a modo de preludio sinfónico con aire de marcha, Combate de Don Quijote contra las ovejas.

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