Hora de levantarse

Las mujeres queremos poder ser

22.05.2016 | 05:24
Las mujeres queremos poder ser

Durante los meses de mayo y junio de 1978 tuvieron lugar los debates sobre el anteproyecto de la Constitución en la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso de los Diputados. Sólo una diputada de UCD, Teresa Revilla, formó parte de ella porque se empeñó en ello. Era una tarea demasiado importante como para dejársela sólo a los hombres. Pero también como para que pudiese solo una mujer influir en las decisiones, especialmente si había unanimidad entre los hombres y si se trataba de asuntos que específicamente afectaban a las mujeres, como sucedió con la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona. Teresa Revilla fue obligada por su partido a retirar una enmienda que pretendía evitarlo. Tampoco se le permitió tomar la palabra en la Comisión para explicar su voto, que fue la única abstención, como así consta, extrañamente, en el Diario de Sesiones. Sí se le permitió hacerlo en relación al actual artículo 14 de la Constitución, que reconoce la igualdad ante la ley y la no discriminación. No se molestaron nada los diputados en debatir y sólo la única diputada consideró necesario realzar la importancia de lo que se acababa de aprobar en estos términos: «Señorías, en este artículo que hemos votado afirmativamente, la mujer española adquiere, por fin, la plenitud de derechos. Es verdad que la votación ha sido unánime, sin disidencias, como estaba reclamando nuestra sociedad. Pero las mujeres no vamos a dar las gracias por ello. Tampoco vamos a mirar hacia el pasado con amargura o con rencor. Ahora buscamos el futuro y en el futuro queremos simplemente poder ser, para ser lo podamos. Queremos conservar nuestra feminidad, que es un atributo precioso de la humanidad y, al mismo tiempo, sin renunciar a poder ser protagonistas de nuestra propia vida y a participar en igualdad de esfuerzos y responsabilidades en el quehacer común.

Para ello necesitamos, además de la igualdad ante la ley, de una sociedad rica en posibilidades de vida y en formas de existencia, una sociedad flexible en sus sistemas de trabajo y de educación, donde no sean incompatibles la maternidad y el trabajo, la vida familiar y la cultura. La mujer necesita de una sociedad flexible y plural, pero también la necesita el hombre, que empieza a sentirse hoy atrapado en un destino unidimensional.

Y para terminar, Señorías, que no se piense que la crisis de identidad de la mujer es sólo un problema femenino, de mujeres, porque es un problema de la sociedad en su conjunto. La sociedad lo sufre y la sociedad se enriquecerá en sus soluciones.»

El 18 de mayo se cumplieron 38 años de este discurso. Parece que el futuro al que aludía la diputada se hace esperar.

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