Palabras gruesas

Un año no es nada

22.05.2016 | 05:24
Un año no es nada

Si tuviéramos que hacer un rápido balance del año transcurrido desde las últimas elecciones municipales en Alicante y lo que este período ha supuesto para la ciudad, coincidiríamos en destacar que el Ayuntamiento se ha convertido en un foco de inestabilidad política de primer orden por los continuos enfrentamientos y desencuentros entre las tres fuerzas políticas que forman el tripartito, junto a las desautorizaciones y descalificaciones que han protagonizado, generándose una situación de permanente amenaza de ruptura salpicada de invitaciones públicas protagonizadas por Echávarri a que sus dos socios en el Gobierno municipal, Guanyar y Compromís, lo abandonen. Todo ello ha lastrado la gestión municipal, al tenerse que dedicar tiempo y esfuerzo a restaurar los daños colaterales de numerosas decisiones desacertadas que han causado desconcierto en sectores sensibles de la ciudad. Al mismo tiempo, hay áreas del Ayuntamiento que a estas alturas todavía no están a pleno rendimiento debido a la falta de acuerdo sobre elementos clave de la organización municipal, como la Relación de Puestos de Trabajo (RPT) o el Reglamento Orgánico del Pleno (ROP), sin olvidar los sobresaltos políticos vividos en estos últimos meses, como la retirada de competencias a Nerea Belmonte en Servicios Sociales y su expulsión de Guanyar.

Por si todo ello fuera poco, el Gobierno municipal aparece desnortado sobre aspectos medulares para el futuro de la ciudad y de sus gentes, alimentando conflictos y disputas tan gratuitas como innecesarias con diferentes sectores y actores sociales. De manera llamativa, el tripartito ha convertido en no pocas ocasiones problemas técnicos en problemas políticos y viceversa, dificultando con ello afrontar compromisos esenciales de su mandato. Si rescatamos dos de las promesas capitales del tripartito en su Programa de Gobierno Municipal para Alicante que suscribieron hace un año, como eran luchar contra la pobreza y la desigualdad en la ciudad deteniendo la dualidad urbana e impulsar un nuevo modelo productivo basado en la diversificación que permita crear empleos de calidad, y nos preguntamos en qué se ha avanzado en estos objetivos, tenemos que concluir que en nada, más allá de alguna medida microscópica de carácter homeopático.

Pero en modo alguno se trata de recrearnos en los numerosos problemas acumulados en nuestra capital en este primer año de mandato del tripartito, por muchos y graves que sean, sino en ser capaces de hacer un buen diagnóstico sobre el estado de la ciudad para identificar sus prioridades y desafíos más urgentes, para nosotros y para nuestros hijos.

En el plano político, si entre los propios socios del tripartito la incomunicación y los desencuentros han sido continuos, imaginemos cómo han sido las relaciones con el resto de los partidos de la oposición. La palabra diálogo no parece que se conjugue bien ni dentro ni fuera del Ayuntamiento, salvo con el presidente de la Diputación, César Sánchez, del PP, con el que Echávarri mantiene una relación privilegiada que ya la quisieran el presidente del Consell, Ximo Puig y su equipo, algunos de los cuales no dejan de escuchar reproches, acusaciones e incluso peticiones de dimisión por parte del Alcalde. Todo ello está debilitando la fuerza de Alicante en el plano territorial, al ser un interlocutor difuso y controvertido ante la Generalitat, al tiempo que pierde relevancia en el espacio metropolitano frente a una Diputación que está asumiendo un liderazgo político, respaldado por su capacidad inversora, debido al buen estado de sus cuentas y su liquidez.

Desde el punto de vista de la ciudad, todo el relato de la emergencia social, la pobreza y la desigualdad se ha desvanecido, hasta el punto de que un año después, nada se sabe del compromiso recogido como prioridad para los 100 primeros días, de realizar un "Plan de choque de lucha contra la exclusión social y la pobreza". Los acusados fenómenos de polarización que existen entre los 42 barrios de la ciudad y sus gentes no han parado de crecer, alimentando fenómenos más o menos soterrados de ruptura de la cohesión social que la crisis ha agrandado. Mientras que la ciudad tiene serios problemas para mejorar la calidad de vida urbana y afrontar problemas básicos como que sus calles estén limpias, que no haya personas sin hogar durmiendo en las plazas o un adecuado mantenimiento de parques y jardines, Alicante pierde oportunidades para posicionarse entre las ciudades globales como una capital dinámica y avanzada, capaz de atraer talento e innovación.

Las características personales de buena parte de los componentes del tripartito que han puesto de manifiesto a lo largo de este primer año de mandato, junto a las particularidades políticas de las tres fuerzas que lo componen, plantean un escenario incierto. Mucho tendrán que esforzarse por abandonar las miradas de corto alcance y dar así el impulso y la proyección que Alicante necesita con urgencia.

@carlosgomezgil

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