19 de mayo de 2016
19.05.2016
Impresiones

El papel de tu vida

19.05.2016 | 03:53
El papel de tu vida

Lograr un buen acuerdo en donde las partes interesadas estén satisfechas se realiza a diario y en todo el país. Y entonces, ¿por qué razón les cuesta tanto a nuestros políticos alcanzar un buen acuerdo? ¿Están preocupados por el bienestar social, por el mantenimiento de la educación, de la sanidad, de las pensiones o de qué están preocupados? ¿Cuál es el problema? ¿Son meros emperadores esperando su gran trono dorado desde donde contemplar su imperio y utilizan sus estrategias para llegar a él? No puede ser así. No son malvados. Sin duda, están realizando tan arduos esfuerzos como aquel conferenciante extranjero que dio la conferencia en un perfecto español, habiendo memorizado perfectamente el guión, pero que al final, cuando acudes a felicitarle, te das cuenta de que no entiende absolutamente nada del idioma español. Puede que al igual que aquel, nuestros políticos no comprendan nada de nada del lenguaje de sus ciudadanos. ¡Vaya fraude, oiga! Palabras y más palabras, perfectamente preparadas, enlazadas, unas y otras, frases simples y compuestas, subordinadas; dos, tres, cuatro, cinco y ¡zas!, por el culo te la h? Aunque memorizar palabras y reproducirlas es un arte en el caso de los actores, ¿no creen ustedes que será mejor entender y comprender la situación para ponerle remedio, que limitarnos a memorizar palabras y reproducirlas como meros papagayos de circo? Leer un bonito discurso sin intención alguna de hacer nada de lo dicho, es tan inútil como colgar una sentencia de un cuadro sin viso alguno de ser ejecutada, de ser cumplida. Son igualmente inútiles.

¿Hablar por hablar y aparentar por aparentar hasta conseguir el sillón de emperador, hasta convertirse en el number one del fraude, o realmente ser un buen defensor de los intereses encomendados? Teatro, la vida es puro teatro. Tan bello como el espectáculo del Cabaret del teatro Rialto en Madrid, en donde te emocionas a lo largo de toda la representación, aflorando sentimientos, gracias al magistral trabajo de los artistas que se entregan por completo en cada sesión.

Sus señorías en el Congreso puede que interpreten fabulosamente, pero quizás han perdido la sensibilidad necesaria para meterse en el papel de representante del pueblo. ¡Escuchad al pueblo! ¡Mamones! Olvidad los intereses partidistas y los vuestros propios para velar por los intereses del pueblo español. Es tan significativo el triste final de la obra de Cabaret que debemos de luchar contra los absurdos propósitos de falsos líderes, meros emperadores satisfaciendo sus egos, que a la postre siembran terror a diestro y siniestro.

La historia está llena de maldad y exterminio de seres humanos como una supuesta solución a los problemas del pueblo. ¿Acaso los líderes del pueblo serán aquellos que se llevan su pasta a Panamá, los que extorsionan, los que liquidan a su tío de forma vil y prueban misiles nucleares o aquellos que van reclutando adeptos para terminar con el mundo racional a base de explosivos? A estas alturas de la película, paradojas de la vida, va a resultar ser Mariano Rajoy el más firme candidato a seguir siendo el mejor presidente posible de España. Y es que a pesar de los recortes orquestados, te convence de que tuvo que hacer aquello que no quería hacer, simplemente hablando con Évole. ¿Cómo pasará el señor Rajoy a la historia? Mientras, los griegos soportan con crudeza los avatares propiciados desde Bruselas, y el resto de países de la Unión Europea hace lo propio.

Hoy brindamos por la paz y por la libertad conseguida por nuestros antepasados, mientras que mantenemos la esperanza de poder seguir viviendo en paz. Mirar con respeto a aquellas otras personas que entienden la vida, que creen y viven de forma diferente a la nuestra, pero que al igual que cada uno de nosotros respetan esa diferente pero lícita forma de vivir, es básico y elemental. Votemos de nuevo. No pasa nada. Democracia, ciudadano, se llama democracia. Y mientras en la lejanía resuenan tambores de guerra donde la muerte, el desaliento y la barbarie parecen reinar, hay personas que desde la más imperiosa necesidad de ayudar al prójimo no se cansan de llevar alimentos entre las bombas, como aquellos misioneros de Maristas en Alepo, y otros tantos misioneros y personas que les llena el poder realizar acciones humanitarias. Tanto como Alepo necesita de la comunidad internacional, nuestro país necesita de sus políticos. A pesar de las posibles manos negras y bestias sin almas, vivir en el Estado social y democrático de derecho no tiene precio. Los ejércitos nos protegen.

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