Se veía de venir

17.05.2016 | 03:37
Se veía de venir

Como diría el castizo, «se veía de venir». Los hechos no hacen sino confirmar las fundadas sospechas que teníamos bastantes alicantinos. Los apretados resultados de las elecciones municipales del 2015 no auguraban nada bueno para el gobierno de nuestra ciudad. Con la victoria pírrica de los populares y el empate a concejales entre Ciudadanos, PSOE y la marca blanca de Podemos, más los tres de Compromís, era harto complicado que saliera algo con cierto sentido. En política los experimentos ni con gaseosa. El nexo de unión entre ellos era únicamente echar al PP de la casa consistorial, con esta débil argamasa, los problemas empezaron en el minuto uno de las negociaciones para repartirse el poder. Porque de eso se trataba, nada de aquel latiguillo de «programa, programa, programa» que Anguita hiciera famoso en los noventa. Dos aspiraban a la Alcaldía, Pavón y Echávarri, los delegados de Podemos en Alicante y los socialistas. Duró el enfrentamiento más de lo necesario. Agotaron a los vecinos, y dieron razones a los desalojados de los despachos para criticarlos duramente por sus patentes personalismos. Fue un comienzo desolador.
La ilusión alborotada de los menos por el advenimiento de un gobierno de izquierdas que limpiara los salones de la casa consistorial de la porquería que habían dejado lustros de dominio popular, quedó abortada antes de que el parto se concretara en un proyecto común para la ciudad. Mezclar en un gobierno tres filosofías tan diferentes, tres concepciones de la sociedad tan distantes como las propias de los que conforman el tripartito, hace prácticamente inviable cualquier intento de programa razonable. Los hechos y actitudes han ido dando la razón a quienes no veían en este pacto posibilidad alguna de gobernar los destinos de la ciudad y administrar los dineros de los ciudadanos.
Los desencuentros del alcalde con unos y otros no han cesado en estos doce meses. Aunque la suerte les haya sonreído al desviar la atención de sus continuas cuitas con los despropósitos vividos en el Congreso de los Diputados y la repetición de elecciones para junio próximo, ellos se han empeñado en copar titulares y portadas en los medios de comunicación locales, cuando no nacionales. Unos y otros, se han dedicado a crear problemas en vez de solucionarlos. Donde no había controversia allá iban para ponerla encima de la mesa. No les ha bastado con marear a vecinos, comerciantes y ciudadanos en general, con sus decisiones más que discutibles en la mayoría de los casos, y el nulo entendimiento entre los grupos municipales que sustentan el gobierno, sino que han logrado crear un ambiente de desgobierno que ya roza el ridículo. Los últimos acontecimientos referentes al horario de apertura de las grandes superficies, ha puesto en evidencia las escasas coincidencias que tienen los socios del gobierno de lo que debiera ser una ciudad moderna y fundamentalmente de servicios como lo es Alicante.
Echávarri está como loco porque Bellido y Compromís abandonen el desgobierno, y si Pavón sigue el mismo camino, mejor que mejor. Si por él fuera ya estaría gobernando con Ciudadanos y la tutela de los populares en presupuestos y otros menesteres. No soporta ni a los de Compromís, ni a los podemitas de Pavón. Si aguanta hasta más allá de sus deseos únicamente es por presiones de Puig y el aparato de Blanqueríes. Al provenir el presidente de la Generalitat de la Alcaldía de una localidad como Morella, en la que los denominados «aplecs» de los pancatalanistas con «esteladas» por doquier son habituales, se ve razonablemente cómodo bajo la supervisión de Oltra y Alcaraz, hasta tal punto que sigue empeñado, aunque desautorizado por Ferraz, en llevar adelante el óbito prematuro de su partido al querer coaligarse para el Senado con Compromís y Unidos Podemos, en otra incoherencia más del PSOE a nivel nacional que no hace más que expulsar votantes. Por cierto, en esta ocasión se echa de menos la repetición del femenino Unidas en lo que sería políticamente correcto en la denominación del nuevo frente de Iglesias y Garzón. Al final, los pactos por el poder acaban por dejar al descubierto la falta de convergencias a la hora de gobernar. Lo ocurrido en Alicante con las votaciones en comisión y pleno, las decisiones de dos consellerías, la reclamación de El Corte Inglés, y las posturas del alcalde y el portavoz, es el paradigma de lo descrito.

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