Carta a Don Eleuterio

El adoquín traicionero

13.05.2016 | 05:01
El adoquín traicionero

Estimado don Eleuterio: Hacía un tiempo que no me dirijo a usted en parte porque ha habido pocas noticias no previstas, por eso hoy aprovecho para comunicarle que estos días ha llovido en Alicante; ya ve, lo que en mi tierra es cotidiano, en la terreta está resultando excepcional.

Indudablemente el agua ha servido para dar un baldeo gratuito a las calles de la ciudad ¡que buena falta hacía! También es cierto que esta lluvia maravillosa ha traído como consecuencia que hayan vuelto a actuar el «adoquín traicionero», que es esa pieza del piso de las aceras que, de manera alevosa, actúa expeliendo un chorro de agua cuando la pisas; también podríamos hablar de la «baldosa traicionera» o del «terrazo traicionero», pero nos referimos especialmente al adoquín que, quizá porque tiene mayor perfil, es capaz de impulsar el chorro de agua almacenada con mayor intensidad hasta la altura de la rodilla, o más. En Alicante, cuando llueve, la mayoría de las calles peatonales se transforman en una especie de «campos minados» donde esperan agazapados los «adoquines traicioneros». No estaría de más que se revisasen las condiciones técnicas de los proyectos urbanizadores de estas calles.

Por fin se han agotado los plazos para formar Gobierno y el Rey, el día 3 de mayo, ha firmado el decreto de convocatoria de nuevas elecciones para el día 26 de junio. De esto, poco le puedo contar a usted que el sorprenda, pues en menos de dos años que duró la Primera República tuvieron nada menos que cuatro presidentes y usted llegó a ser tres veces ministro.

De nuestros políticos, puedo decirle poco, más que nada porque siguen más o menos diciendo lo mismo, excepto Pablo Manuel Iglesias, que es el más creativo y han empezado a torturar a Pedro Sánchez, el líder del PSOE, cuyo destino en lo universal parece ser el perseguir a Mariano Rajoy, desde luego le ha salido un «colegui» que lo trae frito, pues en menos de 10 días lo ha nombrado vicepresidente del próximo Gobierno y le ha ofrecido una coalición para el Senado. ¡Con amigos así, para qué buscar enemigos!

Como usted podrá suponer no tengo una gran afinidad con Pablo Manuel, pero reconozco que es el más entretenido, el más ocurrente y, desde luego, el más marxista, por parte de Carlos y por parte de Groucho: «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros». Desde luego da vidilla a la campaña.

En cuanto a la apertura del comercio los domingos, qué le voy a decir, que a cada momento se incorporan nuevos interlocutores, ahora creo que también está en el tema el conseller del ramo, vamos que «éramos pocos y parió la abuela»; seguro que en cualquier momento, si es que no se ha hecho, se crea un grupo de trabajo, para tratar sobre el tema, porque al fin y al cabo, mientras hablamos del cierre/apertura del comercio, podemos pensar que nuestros gobernantes están preocupándose por algo.

Estamos en momentos convulsos en los que surgen nuevas ideólogas y, así, una diputada de la CUT ha salido con algo tan nuevo como «tachar al modelo familiar actual de conservador y pobre y defender así su preferencia por una crianza en común, en la que son hijos tuyos los que has parido tú y el resto»; fíjese, don Eleuterio, eso es tan nuevo, como las ideas del socialista utópico francés Charles Fourier, sobre los fracasados falansterios.

Ha salido otra noticia de Cataluña, siempre tan prolija en noticias, según la cual parece ser que el borrador de su Constitución, que fue entregado ayer a la presidenta del Parlament catalán establece en uno de sus artículos que «los ciudadanos de aquellos Estados que tengan nexos culturales y lingüísticos con Cataluña podrán optar a la nacionalidad catalana sin renunciar a la suya». Es patente la generosidad de los impulsores de los Países Catalanes con los valencianos o baleares que podrán adquirir la doble nacionalidad; aunque no han aclarado en qué situación quedamos los españoles residentes, pero no valencianos, todo me hace pensar que nos pueden dar el mismo trato que a los mauritanos. En fin, don Eleuterio, esto es lo que se cuece en estos tiempos, aunque a usted ya le toco sufrir lo suyo siendo ministro de Gobernación durante el movimiento cantonalista.

Ya ve, don Eleuterio, en lo que está quedando Cataluña en cuanto a la aportación de ideas, tratando de rememorar los fracasos del siglo XIX. Esperemos que al menos el Barça no pierda la Liga. Por hoy no le entretengo más, a ver si en la próxima puedo darle novedades más agradables. Saludos.

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