Extorsionador: una profesión con futuro

11.05.2016 | 03:51
Extorsionador: una profesión con futuro

No me ha sorprendido especialmente lo que se ha descubierto de Manos Limpias y Ausbanc, donde se ha puesto de manifiesto que los supuestos Robin Hood tenían los pies más que de barro, llenos de pura m? Lo mismo que ha sucedido con algunas ONG que denunciaron falsamente las actuaciones de nuestra Guardia Civil en la valla de Melilla.
Y no me ha sorprendido, porque llevo detectando en la sociedad que me rodea, hace años, unas condiciones propicias para que surjan unos sinvergüenzas disfrazados de Santa Teresita del Niño Jesús, que con la altruista excusa de pretender ayudar al necesitado y luchar contra la corrupción, solo buscan satisfacer intereses espurios de todos los colores que uno pueda imaginarse. Abundan especialmente los que solo pretenden el dinero de aquellos que eligen como víctimas propiciatorias, aprovechándose de cualquier debilidad o tropiezo que puedan tener o haber tenido las mismas, sea el traspiés verdadero o inventado. A estos picapleitos, denunciadores y en definitiva extorsionadores, el que las bases de sus extorsiones sean inconsistentes se la trae al pairo con tal de que en apariencia puedan tener algún síntoma de verosimilitud, o mediáticamente pueda presentarse así, si con ello consiguen el dinero que buscan. Y lo que pretenden, no se engañen ustedes, nada tiene que ver con los nobles principios e intenciones angelicales que dicen ser la razón y ser de su existencia, sino que se aproxima más a un simple atraco, similar al que podrían realizar unos mafiosos, aunque intenten disfrazarlo con normas y leyes que manipulan sin rubor alguno.
En el mundo de la construcción y de la Arquitectura en particular, los extorsionadores abundan en grado sumo.
Algunos alcanzan un grado de eficacia tal en el sector que son ya más conocidos que La Charito, y así se venden y se presentan en las comunidades de vecinos buscando conseguir que éstas les confíen sus demandas, unas legítimas y otras no tanto.
Y una vez que lo consiguen, agárrese los machos al que le toque, porque tratarán de machacarlo y dejarlo más exprimido que la mojama, con informes infumables y presupuestos descabellados. Alguno de estos personajes, hasta en sus propios colegios profesionales han sido inhabilitados para ejercer la profesión temporalmente, pero siguen teniendo la desfachatez de autoproclamarse como peritos expertos en todo lo divino y humano. Busquen en Internet y aparecerán como almejas en la playa.
Otros de estos extorsionadores son políticos, que buscan en los juzgados conseguir lo que no ganan limpiamente en las urnas representativamente. Y el que algunas veces tengan razón no compensa el infinito daño que hacen en otras muchas ocasiones, las más abundantes.
Y los más peligrosos son los abogados y técnicos de medio pelo que en coyunta perfecta, intentan conseguir extorsionando a las víctimas que pillan en su miserable camino, lo que son incapaces de alcanzar ejerciendo su profesión honradamente.
Y lo peor de todo, ¿saben ustedes qué es?, pues que actúan con total impunidad porque el sistema judicial que tenemos, y el afán de protagonismo de algunos fiscales y algunos jueces, les alientan en vez de cortar sus arteras intenciones de raíz, dándoles un puntapié en el trasero.
Si cada vez que efectuasen una denuncia que se demuestra falsa, improcedente o desmesurada, tuvieran que pagar por ello con cárcel o mejor aún, con su propio patrimonio, otro gallo cantaría en la fiesta. Sin embargo, no es así, suelen escaparse de rositas casi siempre y cuando se les puede trincar, no sé cómo se las apañan pero siempre resultan ser insolventes; pero, lamentablemente, ya han conseguido dejar en el camino a su víctima hecha trizas, amargada y algunas veces con la vida destrozada. Pero eso a estos indeseables extorsionadores les da igual y, por lo que se ve, a la Justicia también.

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