06 de mayo de 2016
06.05.2016
Que pase el siguiente

A los pies de un caballo llamado TTIP

06.05.2016 | 04:12
A los pies de un caballo llamado TTIP

Oír a Rajoy, y otros, afirmar que España está saliendo de la crisis y salirme más canas (si eso es posible todavía) es simultáneo. Tal evento me ocurre incluso mirando sus fotos, sus mítines, sus discursos o viéndole ocupar un cargo para el que ya resulta molesto, incluso para los suyos. Rajoy como causa no genética de progeria política, económica y social. Enfermedad epidémica cuyo principal síntoma político consiste en insistir en ese falaz mensaje de que España, Europa está saliendo ya de la crisis y cuyos síntomas satélites deben pasar, por tanto, por la anestesia ciudadana, la falsa esperanza, la mentira y alguna que otra ley mordaza que impida, recorte y mutile derechos ciudadanos. Desaparecido el derecho se pretende hacer desaparecer también la realidad.

Pero la realidad es recalcitrante y el triunfante discurso del presidente en funciones, del PP y sus franquicias, tiene otra lectura que muestra esa otra realidad oculta también entre los tratados internacionales que pretende firmar en nombre de España unido al resto de países europeos. Uno de esos tratados, tan llevado en secreto y oculto al escrutinio ciudadano, es el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión). En él se pretende crear la mayor área de libre comercio del mundo entre Europa y Estados Unidos a la par que la homogeneización de la legislación de los países firmantes y la eliminación de trabas y aranceles en los intercambios comerciales. Esto dicho así, sin pulir ni desbastar, puede representar las múltiples ventajas de un mercado unido y sin restricciones. Sin embargo también puede ocasionar recelos en una ciudadanía que se las ve venir y que sabe que sus consecuencias serán menos positivas para ellos. Ni siquiera la afirmación de la creación de unos 400.000 nuevos empleos es capaz de alejar el fantasma agnóstico en el que está sumida la clase trabajadora española-europea.

El ciudadano de a pie podría pensar que el TTIP supone una amenaza para la democracia y el Estado de Derecho. Podría afirmar que tal tratado se está llevando a cabo a puerta cerrada entre la Comisión Europea, Estados Unidos y grandes empresas y que la falta de luz y taquígrafos solo auguran una nueva degradación de sus derechos como trabajadores, la venta al mejor postor y a precio ridículo de su futuro, y la hipoteca a interés fijo de los hijos de sus hijos.

No, no me fio del imperialismo y menos del de Estados Unidos de Norteamérica del norte. Este país siempre se ha negado a ratificar las normas y convenciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre derecho a la sindicalización y se le ve la mentirosa pata de lobo debajo de la de cordero pues frente a las falsedades sobre la creación de empleo este tratado serviría, al contrario, para eliminar regulaciones sociales, laborales y ambientales que hasta la fecha han protegido ciertos derechos ciudadanos. No tenemos bastante con el enemigo en casa: Rajoy, Sánchez, Rivera y la mismísima Comisión Europea auspiciada por la Troika, abanderando o consintiendo todos los ataques a las políticas salariales actuales y que exigen, por activa o pasiva que viene siendo los mismo, una nueva vuelta de tuerca en forma de normas más flexibles y parecidas a la soga de una horca. La soga ha sido y es la crisis del euro y la horca la liberalización comercial como la que propone este tratado.

El TTIP beneficiará a las grandes empresas transnacionales las cuales aprovechándose de la permanente y consentida crisis y con el argumento ya citado de crear empleo neutralizará cualquier preocupación por la salud, los derechos laborales y los ambientales. Propiciara el relajamiento de las normas sanitarias y de consumo obviando dichas normas y abriendo la puerta a productos prohibidos en Europa, como la carne tratada con hormonas o los cultivos y productos transgénicos generando inseguridad alimentaria.

Otra consecuencia en la que no reparan las visiones políticas y empresariales cortoplacistas es la desaparición de los servicios públicos de salud, del sistema público de enseñanza y la concentración del poder económico y político en manos de ciertas elites a ambos lados del Atlántico. Y la interposición de leyes a medida de las multinacionales y corporaciones transnacionales americanas que están actuando para rebajar las normas laborales en Europa y deshacerse del Principio de Precaución sobre el que se basan varias directivas ambientales como la que regula las sustancias químicas peligrosas o las citadas normas de seguridad alimentaria.

Estas negociaciones incluirían un capítulo en el que empresas farmacéuticas y de servicios de salud podrían impugnar legalmente las políticas públicas de salud intercambiándolas por políticas de liberalización comercial y de inversiones. Todo encaminado hacia la pérdida de empleos y derechos laborales, una mayor precarización y al aumento de desigualdades sociales, laborales y económicas haciendo nula la inexistente, pero necesaria, redistribución de la riqueza. Todo el futuro jugado a ganador a un caballo llamado TTIP.

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