04 de mayo de 2016
04.05.2016

El efecto Forer

04.05.2016 | 04:26
El efecto Forer

Corría el año 1948, cuando el psicólogo Bertram Forer R. decidió aplicar a sus estudiantes un test de personalidad. Una vez realizado, proporcionó a cada uno de los alumnos una descripción específica de su personalidad en un sobre. Los jóvenes confirmaron que dicha descripción era enormemente acertada. De hecho, estimaron que los aciertos en los resultados del test eran de 4.6 sobre 5, de media.
Fue entonces cuando Forer les hizo saber que todas las descripciones eran la misma. Cada sobre contenía un texto idéntico. ¿Cómo lo había logrado? Sencillamente, había escogido definiciones de personalidad vagas, poco concretas. La credibilidad que los estudiantes otorgaban al test y a su propio profesor, hicieron el resto. Así, cada uno rellenó, de manera inconsciente, esas lagunas que existían en la descripción, aplicando su propio significado, y enfocándolo de manera personal.
Este experimento se ha replicado muchas otras veces y los resultados siempre han sido parecidos. Además, parece tratarse de un efecto universal que se presenta en todas las culturas. Las implicaciones del efecto Forer son enormes. Por ejemplo, según sus propias palabras, logran hacernos valorar como ciertas que las predicciones que tanto los horóscopos diarios, como los adivinos y videntes realizan. Por decirlo en pocas palabras: nos induce a pensar que algo está dirigido a nosotros, cuando no es así realmente. Veamos un ejemplo del propio autor: «Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo». Quién, leyendo esta afirmación, no se sentiría identificado.
El mismo efecto se produce cuando escuchamos una canción. Es muy frecuente que sintamos que describe perfectamente nuestros sentimientos. Especialmente en esas etapas de incertidumbre o desesperación en las que uno necesita respuestas y está dispuesto a aceptar como cierta casi cualquier explicación que le aporte esperanza. «Todas las canciones hablan de mí», como reza el título de la bella película de Jonás Trueba, lo define con precisión.
Un efecto muy similar es la pareidolia, que consiste en interpretar nuestras percepciones de forma errónea, dándoles un significado que no tienen. Este efecto se produce, por ejemplo, cuando creemos reconocer figuras concretas en la forma de las nubes, en las manchas de una pared, o en las constelaciones.
También tiene lugar la pareidolia cuando, por ejemplo, nos parece reconocer una palabra o un mensaje al escuchar al revés una canción en otro idioma.
Tendemos a buscar sentido a cuanto nos rodea. La ciencia aporta rigor y un cierto punto de apoyo para lo razonable. Aunque, afortunadamente, muchos sucesos milagrosos aún no pueden explicarse.

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