03 de mayo de 2016
03.05.2016

El embrujo de Chanel: La Habana

03.05.2016 | 04:43
El embrujo de Chanel: La Habana

El 28 de octubre de 1492 Colón desembarcó en la mayor de las Antillas y la describió como «la tierra más hermosa que ojos humanos han visto, con miles de conchas nacaradas, el agua limpia y siempre la misma sinfonía aturdidora del canto de los pájaros». Su posición geopolítica la convirtió en paso obligado de buques y migraciones de todo el mundo hacia América del Norte o del Sur.
Tal vez ese sea el porqué La Habana ha sido el lugar seleccionado por Chanel para presentar su nueva colección el 3 de mayo donde una parte de los cubanos podrán disfrutar de un desfile excepcional: la propuesta Crucero 2016-17 ideada por Karl Lagerfeld inspirada en los colores y referente estéticos del país latinoamericano. El mero acontecimiento de que esa lujosa y sofisticada firma capitalista aterrice en la isla socialista, transfigura cualquier simple detalle de un mero evento en la capital de un país que ha vivido más de medio siglo bajo un perenne bloqueo político, comercial y económico y que en plena crisis existencial y económica mantiene aún la alegría, el encanto, la calma y el espíritu emprendedor, «el cubano la inventa en el aire» como dijo un ilustre presidente.
Quizás también otro efecto llamada lo pudo provocar el legendario recuerdo de las tiendas «Fin de Siglo», «La Casa Grande», «La Casa Blanca» o «El Encanto», en la primera mitad del siglo XX, almacenes que vislumbraban a cualquier diseñador europeo por sus lujosos vestuarios. Comercios donde se formaron César Rodríguez y Ramón Areces, más tarde propietarios de El Corte Inglés, y Pepín Fernández, de Galerías Preciados, en memoria a su 60 aniversario.
Es indudable que el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el «Hermano del Norte» motivó las visitas de celebridades a La Habana en los últimos tiempos, como Rihanna con sus eróticas fotos, Beyoncé y Jay Z paseando por las calles habaneras, Katy Perry enamorada de la isla tras sus dos visitas: «Yo vi los colores en Cuba. Nunca seré la misma». El encuentro histórico entre los dos patriarcas de las iglesias católica, Francisco, y la ortodoxa rusa, Cirilo I; la impactante visita del presidente Barack Obama y su familia, así como el espectacular concierto de los Rolling Stones y su millón doscientas mil de fans y, recientemente, Usher entre otros, incidieron en que Lagerfeld se decidiera por la Isla, empresario que no da puntadas al aire.
La exuberante, plácida, alegre, viril y salvaje Habana que con su luminoso mar la bordea como un abanico, la más occidental de las capitales latinoamericana y mediterránea irradia «esa luz y ese aire dorado» –a decir de Nicolás Guillén–, o como la encontró Hemingway, «un reflejo de su propia personalidad, algo nuevo, serena, de auténtica personalidad», «La habana se parece a Toledo, pero un Toledo sin El Greco». Cautivo también a Karl Lagerfeld.
José Martí, refiriéndose al vestir, señaló: «€ la elegancia (€) está en el buen gusto y no en el costo. La elegancia del vestido –la grande y verdadera– está en la altivez y la fortaleza del alma». Por eso los cubanos tratamos de engrandecer nuestras almas, llenándolas de virtudes y valores para lograr la verdadera originalidad en nuestros modestos y discretos atuendos.
Por eso los diseñadores cubanos inspirados en esa idea como Castillo que, con exiguos recursos, presentan pasarelas que atraen al más exquisito público; o como Abraham que diseñó el creativo vestido de novia a la exmodelo Rachel GS, que como otros podrían impresionar a aquellos de la talla de Lázaro Hernández con su óscar de la moda en Nueva York; o Osmany Laffita con su casa de alta costura Taiza, en Praga, por mencionar a dos del top mundial.
No se puede negar la música, una auténtica realidad, Cuba es un caso insólito en muchas cosas, pero en la música es un referente mundial, resulta increíble cómo una minúscula isla pueda producir tanta variedad de ritmos y estilos musicales cuyos sones se conocen en el mundo entero, es una estupenda simbiosis entre lo español y lo africano para una Chanel que busca contraste y diversidad.
Otro atractivo de la cubana o el cubano que, como la música, es resultado del mestizaje de la rumba, la ópera, el guaguancó, el yambú. La zarzuela, la guajira derivada de la décima canaria y el zapateo de origen andaluz y la columbia, se funden en el movimiento de cintura en las mujeres y de hombros en los hombres. Para el cubano, su encanto lo define José Martí cuando dijo: «Quien sienta su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa y la belleza echa luz». Ahí está el embrujo de Chanel por La Habana.

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