02 de mayo de 2016
02.05.2016
Crónicas del limbo

La culpa la tienen los dueños (de los perros)

02.05.2016 | 03:29
La culpa la tienen los dueños (de los perros)

La culpa la tienen los dueños de los perros. Para acabar con la inmundicia que los perros arrojan en la calle, ante la desconsiderada pasividad de sus dueños, el Ayuntamiento de la ciudad, bajo la dirección en este caso del aguerrido concejal Víctor Domínguez, está estudiando dictar medidas ejemplarizantes, entre las que destaca el multar con setecientos cincuenta euros, casi cuatro veces más que la cuantía de la multa actual, que es de doscientos euros, a quienes no recojan los excrementos indebidamente depositados por los citados canes.

No repara el voluntarioso concejal en que la inmensa mayoría de los dueños de mascotas cumple escrupulosamente con sus deberes cívicos, y que en los contados casos en que no es así, no existe agente alguno de la autoridad que lo sancione. Me gustaría conocer cuántas multas se han impuesto por este motivo en lo que llevamos de mandato del equipo municipal.

Pero no. Lo que parece importar, a fin de sacar pecho, es dar la impresión de que se hace algo, desviando la atención del lamentable estado de abandono y suciedad en que se encuentra la ciudad, señalando a determinados culpables.

Nada se ha hecho entretanto para cambiar la absurda, inoperante y fantasiosa ordenanza que regula estos aspectos. En lugar de preparar la ciudad para que acoja, como cosa normal, lo que sin duda será un incremento del número de mascotas, regulando civilizadamente esa feliz realidad; en lugar de anticiparse, educar, establecer señalizaciones y facilitar la integración de estos adorables animalitos, la solución es el palo y tentetieso.

Dejando de lado la cuantía desproporcionada de la sanción que se perpetra –el sueldo de un mes de un pensionista medio– en línea con la ya flagrante disparidad que se da, en general, entre el régimen sancionador y la realidad económica de la sufrida ciudadanía; dejando de lado la filosofía que hay detrás de estos golpes de efecto, que revelan el grado de impotencia –por no decir incompetencia y desorientación– de nuestros gobernantes locales, la campaña represiva que se avecina es un auténtico disparate. Una campaña anticipada por la grotesca, agresiva, anti-formativa, deleznable y escatológica publicidad del «con patatas», en la que se insta al paseante a comerse con patatas los excrementos no recogidos de su perrito. ¡Qué maravilla!

Seamos sensatos. Todos sabemos que Alicante es una ciudad sucia y presa del abandono, y que ocupa por derecho propio un lugar poco decoroso entre las ciudades de España en este apartado. También sabemos que no todo es culpa del equipo municipal actual sino de la herencia recibida. Bien. Pero esto no le exime de dar pasos con el fin de paliar una situación lamentable, que va a más, para situar la limpieza de la ciudad –expresión cultural por excelencia– entre los objetivos prioritarios.

El fomento de la cultura ciudadana tiene muchas vertientes. Una de ellas, no menor, consiste en ensanchar el espacio público para albergar las relaciones con los animales, algo por lo que se distinguirá qué ciudades están y cuáles no en conexión con el futuro. Sería deseable que nuestras autoridades se replanteen las medidas en ciernes para centrarse en aspectos más globales de la ciudad, sin mirar para otro lado y hacer dejación de sus responsabilidades.

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