Vida y obras

Terremotos y naufragios

01.05.2016 | 05:21
Terremotos y naufragios

No abunda el conocimiento de los procedimientos formalizados de toma de decisiones por parte de los poderes públicos, no siendo extraño que, todo lo más, sólo se tengan nociones generales acerca de la elaboración de leyes y otros actos parlamentarios. No es buena esa ignorancia, pues anima a pensar que los procedimientos políticos son oscuros, herméticos. Y a veces lo son. Pero en la mayoría de casos la realidad es mucho más sencilla. Voy a poner un ejemplo: cómo se gestó la movilización de la Generalitat Valenciana en ayuda de los afectados del terremoto de Ecuador.

Poco después de conocer el suceso, la Dirección General de Cooperación, dirigida por Federico Buyolo, contactó, siguiendo un procedimiento preestablecido, con el Gobierno del Estado, otras Comunidades Autónomas, agencias de la ONU y ONGs, en especial aquellas que actúan en aquél país y que, a la vez, operan en nuestra Comunidad. El domingo por la tarde, camino de Valencia, el concejal de Alicante Víctor Domínguez me transmitió telefónicamente algunos datos de interés obtenidos por la edil Julia Angulo, hispano-ecuatoriana. Con todo ello dediqué el viaje –es una práctica habitual usar esas horas para el trabajo– a comunicar a los miembros del Consell la situación. Paralelamente, desde Presidencia, se establecieron otros contactos. Sobre las 9 de la noche ya se había convocado, en el despacho del Presidente Puig, una reunión a las 8:30h del día siguiente. A ella acudimos el Presidente, el Director General de Cooperación, el cónsul de Ecuador en Valencia y yo mismo. El cónsul hizo un informe de situación y establecimos una línea estratégica: en las siguientes jornadas se enviaría la ayuda urgente según las demandas del Gobierno del país afectado, se mantendrían contactos con las ONGs, Gobierno y CCAA y se evitaría, a toda costa, una acumulación descontrolada de acciones que, como se demostró en Haití, puede ser contraproducente. Ecuador es un Estado solvente y nada se hará al margen de su planificación ni, tampoco, se hará nada en solitario. Más adelante se organizará un acto simbólico de recuerdo y luto. La Dirección General coordinaría los esfuerzos. La reunión duró una hora más o menos.

En los días siguientes salió, en el primer avión de ayuda española, un cargamento de medicinas gestionado la Generalitat y Farmamundi, valorado en 10.000 euros. También colaboramos con Cruz Roja en un envío de mantas y toldos valorado en 20.000 euros. Igualmente constatamos que en Ecuador hay unos 4.700 valencianos y valencianas y en la CV unas 30.000 personas provenientes de Ecuador, debiendo estar atentos a situaciones particulares que requirieran ayudas específicas. El viernes se convocó la Comisión de Ayuda Humanitaria de Emergencia (CAHE), el organismo que presido y que más odio tener que reunir. Tuvimos la grata sorpresa de contar con la presencia del Embajador de Ecuador en España, que antes fue recibido por el President. Fue emocionante escuchar sus palabras de agradecimiento y felicitación. En el CAHE, el Embajador hizo un resumen actualizado de la situación, indicó prioridades y volvió a agradecer la ayuda, indicando que la necesidad más acuciante es la de plantas potabilizadoras de agua, como la que ya ha facilitado la Diputació de València. Siguiendo el protocolo establecido, diversas asociaciones, ayuntamientos, diputaciones, etc. manifestaron su disposición a colaborar. En este momento confiamos en que a los 200.000 euros iniciales aportados por la Generalitat, se sumen otras decenas de miles. Con todo ello se convocará, de manera inminente, un programa de ayudas que será gestionado por las ONGs que se estime oportuno tras un análisis objetivo. Todo ello sin menoscabo de futuras acciones en la siguiente fase, la de la reconstrucción.

Y ahora unas reflexiones. ¿Nos sentimos orgullosos? Creo que la sensación no puede definirse así: toda acción humanitaria es agridulce, uno puede sentirse satisfecho por la rapidez o eficacia en la reacción, pero profundamente frustrado porque sabemos que es muy poco lo conseguido. Una vez más nuestro lema debe ser: podemos hacer muy poco, pero tenemos la obligación de hacer todo lo que podamos. Lo que es evidente es que la valenciana es una sociedad madura, que sabe ser solidaria y que confía –pese a tristísimos episodios– en las instituciones y entidades que deben gestionar adecuadamente esa solidaridad, porque solidaridad sin eficacia es otra manera de despilfarro. También sabemos que la solidaridad es una forma especial de estar en el mundo de la globalización y que no hay sociedad seria sin políticas vertebradas de cooperación.

Todo ello se verifica en la reacción ante el horror que causa un terremoto, esa fuerza desatada, ciega, imprevisible, que siembra la muerte y toda suerte de destrucción. Creo que cualquiera de nosotros pagaría mucho para que avanzara la ciencia para prever los seísmos. Pero mientras temblaba la tierra en Ecuador, en el Mediterráneo, mucho más cerca, se hundían barcos. No sabemos siquiera el número de muertos, pero, probablemente, supere al de la tragedia de Ecuador. No sabemos sus nombres. No podemos ayudarles. La solidaridad no sirve. Pero sí podríamos poner nombres a los culpables de sus muertes. Y, entre ellos, están los de algunos líderes europeos. Porque estos naufragios de la moral sí son evitables. Ojalá los últimos gritos de los ahogados llegaran a los oídos de los gobernantes que les expulsan de sus tierras y a los generadores de muros, cobardes incapaces de imaginar una política que no se base en el miedo. No ignoro la complejidad de las cosas: ¿pero no hubiéramos admitido entre nosotros a las víctimas de cualquier terremoto si pudiéramos detener la vibración de las piedras? Estamos preparados para acoger refugiados. La misma sociedad valenciana que va a ayudar a las familias ecuatorianas, pese a lo precario de nuestras finanzas, quiere que lleguen refugiados: los cálculos indican que son tan pocos, en comparación con nuestra demografía y la estabilidad de nuestros sistemas de protección, que ningún problema imaginable afectaría al devenir cotidiano de nuestra Comunidad. El 3 de mayo comienza el curso escolar en Ecuador: es una prioridad la reconstrucción de escuelas y parte de nuestra colaboración, probablemente, irá en esa dirección. A mí me gustaría que en nuestras escuelas, en la escuela de mi hijo, por ejemplo, cuando empiece el próximo curso, haya niños y niñas sirios. Por ellos y por nosotros: ¿cómo van a entender el mundo nuestros niños y niñas si les privamos de esta experiencia capital, de esa educación radical en valores? Esa historia, esa intrahistoria de otros días de gobierno para la cooperación, me gustaría poder contársela pronto. Ayúdenos. Ayúdeles.

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