27 de abril de 2016
27.04.2016

Otorgar significados

27.04.2016 | 03:48
Otorgar significados

Tradicionalmente, el ser humano ha dedicado su existencia a otorgarle significado y sentido a todas las cosas, para lograr que su vida tuviera un sentido y un significado. Muchos de los objetos que empleamos cada día tienen para nosotros una connotación afectiva. Cada estancia de la casa, las cafeterías que frecuentamos, el cuaderno en el que conservamos nuestras anotaciones, la ropa con la que nos cubrimos? Obviamente cada ser humano con el que nos relacionamos nos evoca unas sensaciones diferentes.
También concedemos significado al clima, a la temperatura. No nos dice lo mismo un día lluvioso que otro soleado. Y la mañana es muy distinta de la noche en cuanto al estado emocional de cada uno de nosotros.
Sin embargo, en ocasiones, y generalmente a causa de estados carenciales o experiencias dolorosas, una persona puede comenzar a crear muros que amortigüen el impacto emocional de cuanto le rodea. Quizá se trata de un acto inconsciente que aparece en alguien que, conscientemente, cree pretender justamente lo contrario. Un buscador de sensaciones puede encerrar, en lo más profundo de sí mismo, a un ser opaco. Alguien que, verdaderamente, tiene miedo a sentir.
El estado de ánimo de las personas está muy influenciado por el estado de ánimo de aquellos que la rodean, de aquellos que son importantes o significativos para ella. Pero cuando este efecto mencionado comienza, nos «desconectamo» de los demás. Nuestras reacciones no son provocadas ya por las acciones del otro, sino que se tornan maquinales, poco espontáneas. Tratamos de evitar que las cosas, los acontecimientos y las personas tengan un significado en nuestra vida, en nuestra historia. Nos distanciamos de todo lo que pueda volver a herirnos. Nos volvemos cada vez más racionales y comenzamosa clasificar cada hito según escalas. Elegimos el camino más correcto y creemos ser felices. Pero, en el fondo, sabemos que no lo somos.
El paso de los años y la acumulación de experiencias también puede influir en este modo de relacionarse con los demás. Durante la niñez y la adolescencia las sensaciones y los sentimientos están menos contaminados por lo vivido, por los aprendizajes y las reflexiones. Cada acontecimiento resulta nuevo y cargado de significados que queremos saborear y conservar para siempre.
A partir de lo dicho, podemos cuestionarnos hasta qué punto valoramos cada una de nuestras vivencias. Qué significan para nosotros. Si ya no son más que una repetición de lo vivido, si sólo constituyen un modo de alcanzar nuestro objetivo, o sí somos capaces de vivirlas en sí mismas. De vivir, como dicen, un día cada día. De que lo que existe en este instante es, realmente, lo único que tenemos.

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