El ojo crítico

Gobierno tripartito o la vía 199

21.04.2016 | 05:08
Gobierno tripartito o la vía 199

Los políticos, tan propensos a los eufemismos y a amoldar a sus intereses la terminología, no han conseguido ni el «pacto a la valenciana», ni el «pacto del progreso» ni el de la «vía 199». Mira que habían posibilidades pero los egos de unos y de los otros no lo han conseguido, no ha podido ser. Mejor dicho, no podía ser de otra manera. Eran burdos intentos condenados a abortar. Siento lo que voy a afirmar, pero cuando se juntan la arrogancia con la ambición desmesurada, pues pasan estas cosas. Iglesias, arrogante, soberbio y prepotente y Sánchez, ambicioso, ingenuo y bastante torpón que, error tras error, con la desesperación del perdedor, pero no solo en el imposible pacto, sino en la Secretaría General del Partido Socialista. Esto es tan esperado como el fracaso en las negociaciones y, si él es el candidato, en las inevitables próximas elecciones. Él y su torpe ejército de ayudantes.

Y, si no se produjeran nuevas elecciones, ello implicaría un pacto, me es indiferente que cambien a unos por otros, con el PP. Me da igual que la candidata fuera Cifuentes o Soraya? aunque la mona se vista de seda, mona se queda, ya saben. Yo, lo confieso, como habitual votante del PSOE, nunca aceptaría una unión, por acción u omisión con los populares. No aceptaría una unión con quien ha hecho de la corrupción su modus vivendi.

Sin duda, y esto es la opinión de un humilde votante, con la libertad que me da no haber sido nunca militante, se equivocaron eligiendo al secretario general. A los pocos meses se confirmaron mis temores, cuando dictatorialmente destituyó a Tomás González, secretario general del Partido Socialista de Madrid, elegido en las tan cacareadas primarias, y nombró a dedo a Gabilondo como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Al más puro estilo popular que ellos tanto han infravalorado. Y destituyó como portavoz en el Ayuntamiento al bueno, pero a veces cansino de Carmona, con los méritos que había contraído el hombre en La Sexta, sábado tras sábado, aguantando al insufrible Eduardo Inda y al tan pusilánime como cortesano Francisco Marhuenda.

Primero se lanza al ruedo, como si fuera un espontáneo en la plaza de toros, a burlar al morlaco del Parlamento, usando como única muleta a Ciudadanos. Todos los espontáneos tienen su punto de inconsciencia y de valentía. Rajoy no tuvo el valor de enfrentarse al morlaco y se lanzó Pedro Sánchez, con tanto atrevimiento como ambición. Ya digo, como aquellos espontáneos que igual encontraban la gloria que una noche en los calabozos.

La noche en los calabozos no le impidió volver a intentarlo buscando, ahora, el apoyo de un primer espada como Pablo Iglesias. Pero éste es demasiado arrogante y con un toreo poco ortodoxo, tanto que espantó a Pedro Sánchez y su cuadrilla. No quiso compartir cartel como era esperado para todos, excepto, tras lo visto, por Sánchez. E Iglesias no admitió en el cartel a un espada, Rivera, de momento de segunda pero que va subiendo puestos en el escalafón, hasta el punto, estoy seguro, de que hoy superaría al propio Iglesias.

Vamos camino de la nada. O mejor, de la nada vamos a ningún sitio. Nos llevarán, sin el mínimo sentido de la responsabilidad, a unas nuevas y absurdas elecciones que nos van a costar la nimiedad de cien millones. Conmigo, y lo digo con toda la seriedad que me cabe, que no cuenten. Mi sentido del humor y de aguante con esa tropa se ha saturado. No da para más. Así que salga lo que tenga que salir y que Dios reparta suertes pero conmigo que no cuenten. No me voy a someter a más chanzas de estos incompetentes.

El futuro socialista está más que cantado. Susana Díaz, desde la hermosa Sevilla, está haciéndole la cama con excelso mimo y Sánchez, siguiendo con su habitual torpeza o no lo ve o disimula con el convencimiento de que aquella se disolverá como un azucarillo en un café bien expreso. Pero Susana, curtida en mil batallas, con la heredada experiencia de Cháves y Griñán, maestros y tutores políticos de ella, pese a que poco le importó sacrificar a ambos para lograr el apoyo de Ciudadanos y sentarse en San Telmo como presidenta andaluza.

Pero sus altas miras y lo he dicho muchas veces, no se detienen en Despeñaperros. Aspira a más pero como buena estratega que es, no tiene prisa. Todo a su debido tiempo. Se opone frontalmente a un pacto con Podemos obligando a España a repetir unos absurdos nuevos comicios y tras el seguro y más que alarmante fracaso de Sánchez, esperará al Congreso socialista para coronarse, primero como secretaria general y luego, ya lo verán, como candidata a la Presidencia del Gobierno español.

Si no es antes porque las encuestas son demoledoras.

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