Con estilo

Con honor

17.04.2016 | 04:58
Con honor

Decía la Marqués de Merteuil a Cécil de Volanges en la gran cinta de Stephen Frears: «La vergüenza es como el dolor, solo se siente una vez». Pues a eso añadiría yo, y el honor es como el alma, solo se pierde una vez, para siempre? Siempre escribo con las ganas, cada domingo como este, soleado, de contar en este espacio cosas que describan mi tierra, sentimientos, actitudes, ideas de gente con corazón y ganas, personajes, sitios? todo lo que hace que, pese a lo que veo más a menudo de lo que quisiera, siga creyendo en Alicante, en el mar que lo baña con dulzura y en la brisa de Levante que se lleva cada hálito de tristeza ajena? Pero este domingo, y me lo perdonarán espero, mi pequeño espacio va dedicado a alguien que se lo merecía. Porque si hay una palabra que mueve mi sentido de la vida, y el de tantos a lo largo de la Historia, es el Honor. Ese maltrecho concepto, juego de letras, que describe algo tan grande que jamás tendría precio. Como bien decía ese anuncio de Mastercard, y para todo lo demás? porque el Honor como la lealtad, la entrega o el amor son esos principios que tantas veces echamos en falta en esta sociedad digital, inteligente, sabia, curtida en mil batallas, pero muchas veces descorazonada, perdida y carente de elevar los grandes principios a verdades universales. Sorprenderá lo que voy a decir, pero, sin tener interés alguno en nada de todo lo acontecido, soy feliz de que en los últimos tiempos se hable dialécticamente de ideas, de estructuras sociales, que en Twitter se discuta sobre lo divino y lo humano y sobre ello se hable de política con algo más que el puro interés por la colocación personal. Las redes sociales están siendo el germen de toda una Revolución, con R de Revolución sí, porque en este perezoso y rígido estatus social que imperaba en nuestras vidas, era ya la palabra imprescindible. Soy feliz de que exista Wikileaks, con Juilian Assange, que las redes hayan abierto el conocimiento al mundo, que la globalización de los principios de honorabilidad sean poner en duda tantas verdades maniqueas, tanta falacia en la que vivíamos instalados y tantas cosas que sólo eran privilegio de unos pocos. La libertad es conocimiento y el conocimiento se educa, y la educación y la cultura, la imagen, la poesía, el arte, y hasta la moda son esos instrumentos que crean nuevos hombres y mujeres, aquí y en Pekín? evitando esos «bárbaros tecnológicos» de los que ya alertaba hasta Blade Runner u Oriana Fallaci en un estado visionario increíblemente bello. Y más en este año de Cervantes, donde el Quijote tiene tanto que aportar (recomiendo la exposición de Ferris Quijotes del Mundo en el Palacio de la Diputación) en nuestra sabiduría colectiva y en el imaginario popular de ella. Pero todo esto, todo, en el fondo, es el compendio de esa sensación que enorgullece almas humanas y enardece corazones, hasta el punto de llevarnos a generar gestas que jamás soñaríamos. El Honor, repito, es lo que, junto al amor, sacude y azuza el alma colectiva hacia el infinito. Y por ese honor, ha vivido un gran amigo que esta semana se fue y al que, con perdón, de todos los amigos y lectores quiero dedicar este epitafio. A ti, José Botella, que esta semana me has abandonado a mí, a todos nosotros, a tu mujer, a tu hijo David y dos pueblos enteros, Elda y Villena, a tu equipo del alma, el Elda Industrial, a nuestro querido Alejandro, a tus Dimas, Cristina, Patxi, Mari Carmen, Julio, Eva?. Todos, todos nosotros, tenemos claro que si había algo que enseñaste con tu entrega, querido amigo, era precisamente lo que más te obsesionaba junto a la lealtad, el principio por el que, sin duda habrías hecho todo y más. Donde estés, como en Gladiator amigo mío, te dedico las letras que presiden mi vida y hasta mi cuello, Fuerza, Honor y Corazón. Buen viaje y feliz domingo. A tu manera?

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