15 de abril de 2016
15.04.2016
El ojo crítico

Nunca fuimos todos

15.04.2016 | 05:40
Nunca fuimos todos

La frase «Hacienda somos todos» formó parte de una campaña gubernamental de 1978 con la que se intentó inculcar la necesidad de pagar impuestos para contribuir al bien común. Sin embargo, gracias a los papeles de Panamá, hemos conocido que en realidad nunca ha habido una igualdad fiscal real

Cuando en noviembre de 1994 la asociación Nuevo Futuro organizó en Alicante su primer rastrillo benéfico en la recién inaugurada Lonja del Pescado (más conocida como La Lonja), yo tenía poco más de veinte años pero recuerdo mis dudas sobre el sentido de aquel evento que las esposas de los principales empresarios y hombres adinerados de Alicante habían organizado: un mercadillo que tenía como objetivo inaugurar un piso en el que atender a un grupo de niños desfavorecidos en sus necesidades educativas y alimenticias más básicas. Más importante que recaudar fondos para aliviar las penalidades de unos cuantos niños me pareció que aquel grupo de mujeres debían emplear su tiempo en convencer a sus maridos de que creasen puestos de trabajo con salarios dignos, algo que facilitaría las condiciones de vida de niños parecidos a los que pretendían acoger en su hogar fundacional, o tal vez en acordar poner en marcha un sistema de becas universitarias con capital privado que facilitase que aquellos niños pudiesen, en el caso de quererlo, tener una educación universitaria y la mejor formación intelectual posible.

Responde la asociación Nuevo Futuro al tradicional concepto que la derecha española ha tenido de la justicia social, es decir, dar la limosnita a la puerta de la Iglesia sin importar las razones que han provocado que, por ejemplo, un tercio de la población española esté en riesgo de pobreza. Menos caridad y más reequilibrio social basado en condiciones de trabajo justas y en un reparto de la riqueza más equilibrado contribuiría mil veces más a que no hubiese en España miles de niños al borde de la indigencia que cualquier mercadillo con señoras de clase alta vendiendo baratijas.

Al frente de la organización en Madrid ha estado, al menos hasta el día de hoy, Pilar de Borbón, la hermana del anterior Rey, más conocida entre las colaboradoras de Nuevo Futuro como doña Pi. Quién nos iba a decir aquel 1994 que durante todos los años en que ha ejercido su cargo de presidenta de Nuevo Futuro, doña Pi ha sido titular de una sociedad en un paraíso fiscal cuya función, como todo el mundo sabe, es la de evitar el pago de impuestos en el Estado donde se reside. Ahora ya sabemos dónde enviaron Pilar de Borbón y sus hijos el dinero que obtuvieron cuando vendieron Labiernag 2.000 –una sicav gestionada por el Banco Santander– a la familia ilicitana Coves hace algunos años. Con todo el dinero que la Infanta Pilar y personas de su entorno deberían haber pagado a la Hacienda pública de haber cumplido con sus obligaciones fiscales conforme marcan la legislación, la ética y la decencia, podría darse una buena educación y ayudar a emprender alguna actividad económica a miles de jóvenes de España.

Gracias a los papeles de Panamá hemos sabido que buena parte de lo más granado de nuestra sociedad, y que incluye a deportistas, gente del cine y de la televisión, cantantes o jugadores de fútbol, tuvo cuentas offshore y sociedades en paraísos fiscales que, como dije antes, se utilizan con el único objetivo de ocultar a la Hacienda española los ingresos reales. Entre estos últimos se encuentra el conocido futbolista Lionel Messi que parece estar empeñado en terminar ingresando en prisión dada su manifiesta voluntad de tratar de eludir el pago de los impuestos que le corresponden. Si en España no existiese la aceptación tácita de la evasión fiscal que hay, el futbolista Messi debería ser silbado por el público que acude a los campos de fútbol cada fin de semana.

La frase «Hacienda somos todos» formó parte de una campaña gubernamental del verano de 1978 con la que se intentó inculcar a todos los ciudadanos, con obligación de hacer la declaración de la renta, la necesidad de pagar impuestos en función de la renta propia para contribuir al bien común. Sin embargo, gracias a los llamados papeles de Panamá, el escenario que hemos conocido es que en realidad nunca ha habido una igualdad fiscal real. Muchos de los personajes que han poblado la crónica social y económica española de los últimos 40 años, eludían el pago de impuestos constituyendo sociedades opacas en paraísos fiscales. Para más inri, algunos de ellos, como ha sido el caso de Pilar de Borbón o de Messi, han protagonizado campañas de concienciación de ayuda a los más desfavorecidos visitando a niños ingresados en hospitales públicos para llevarles juguetes en Navidad.

Especialmente bochornoso ha sido el caso de Miguel Arias Cañete, actual Comisario Europeo de Acción por el Clima y Energía, cuya mujer, Micaela Domecq, estuvo ligada a una sociedad panameña con cuatro cuentas en Suiza, algo que para Cañete es completamente normal, así como el del hasta ahora ministro de Industria, José Manuel Soria, incapaz de dar una respuesta lógica y veraz al hecho de que su nombre figure en una sociedad panameña también con filial en Inglaterra y que, obviamente, se utilizó para evitar el pago de impuestos consecuencia de la actividad económica que tenía con Inglaterra. En realidad, el hecho de formar parte de un Gobierno que tiene como función principal la recaudación de impuestos para el reequilibrio social –si se cree en ello– y al mismo tiempo tener o haber tenido una sociedad opaca para no pagar impuestos supone una de las muchas contradicciones del discurso neoliberal que trata de imponerse en Europa desde los años 80.

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