14 de abril de 2016
14.04.2016
Visiones

Parálisis negociadora

14.04.2016 | 04:23
Parálisis negociadora

Es deplorable que tras el largo paripé negociador al que nos han sometido nuestros insignes políticos estemos abocados a una parálisis negociadora que, inexorablemente, aboca a repetir elecciones, que no a una segunda vuelta, como dicen algunos, entre PP y PSOE, los partidos más votados, para que el pueblo elija la opción mayoritaria, evidenciando la necesidad urgente de modificar, entre otras cosas, la ley electoral y evitar futuras farsas como la precedente. Y dicha reforma, como las constitucionales que todos tenemos in mente, precisan de populares y socialistas, además de quienes quieran sumarse al sentido común, pues es la única fórmula que garantizaría la mayoría cualificada que se requiere. Por tanto, el paripé anterior, como al final se ha visto, era mera palabrería y postureo que además, en caso de haber prosperado, no hubiera valido para afrontar los retos urgentes que España necesita, y quien provocó semejante farsa, Pedro Sánchez, negándole desde el minuto cero el pan y la sal al partido ganador de las elecciones, es ahora, visto lo visto, el principal responsable de la actual indeseable parálisis negociadora, junto a Rivera, su colaborador, por lo que ambos debieran asumir su fracaso, su manifiesto error, tal como desde muchos ámbitos se les ha dicho y, como rectificar es de sabios, debieran ayudar, guste o no guste, a enmendar el entuerto, aceptando definitivamente la inicial oferta de Rajoy, que sigue manteniendo, de la gran coalición PP-PSOE, única fórmula capaz de sacarnos de este callejón sin salida en que nos han metido. Sin embargo, Hernando, el portavoz socialista, persistiendo en el inmenso error de su jefe, sigue erre que erre y, tras anunciar que no hará más ofertas a Podemos porque Pablo Iglesias «no es de fiar» (a buenas horas mangas verdes), sigue rechazando la posible oferta de Rajoy, el candidato más votado, de un gobierno de gran coalición con un programa pactado y lógicamente con Sánchez como vicepresidente, respondiéndole con un tajante «Ahórreselo. No, gracias», pues ni Sánchez va a ser vicepresidente con el PP, ni presidente de Gobierno «a cualquier precio y mucho menos traicionando los principios, los programas y los valores» del PSOE que, por cierto, nadie le exige.

Añade además Hernando que «seguiremos donde estamos» y que «tienen que ser otros los que respondan» ya que han hecho «todo lo que estaba en nuestra mano»; postura que recuerda al idiota que, siguiendo la raya trazada para encontrar su destino, al acabarse la raya sigue andando por su mundo imaginario sin rumbo fijo. Y la raya les condujo, como era previsible, a un rotundo fracaso por lo que persistir en el error inicial es de necios. Ni hicieron los socialistas lo que estaba en sus manos, que era dejar la responsabilidad de gobernar al ganador de las elecciones en vez de vetarlo e impedírselo matemáticamente sin una alternativa; ni tienen que ser otros los que respondan, sino ellos, que, además de lo anterior, se postularon para una investidura sin tener garantizada matemáticamente la investidura, convirtiendo el proceso en una siniestra farsa, cuando los ciudadanos se lo advirtieron con una derrota electoral sin precedentes. Es grotesco pues intentar ahora responsabilizar a otros de la parálisis negociadora tras su estrepitoso fracaso, que afortunadamente se ha producido, pues de haber prosperado el proyecto PSOE-Podemos, con la convergencia de nacionalismos e independentismos indeseables, la situación sería mucho peor. Y más grotesco aún apelar, para justificar su injustificable proceder, a traicionar «principios, programas y valores» socialdemócratas cuando hasta la saciedad han sido humillados por sus antípodas ideológicos mientras les mendigaban su apoyo para que Sánchez fuera investido.

Siendo benevolente, el error inicial de Sánchez y sus chicos ha sido moverse en los parámetros izquierda-derecha y progresismo-conservadurismo sin tener en cuenta previamente los de democracia-totalitarismo que invalida o no los anteriores, lo que le llevó a vetar al PP tajantemente, con el pretexto de un gobierno «progresista de izquierdas», que los españoles no eligieron. El posterior error, incorporar a su proyecto a Ciudadanos, tachado antes como nuevas generaciones del PP, para venderlo ya como «gobierno de cambio» y no de izquierdas ni progresista, al necesitar el apoyo de otras fuerzas que no son ni lo uno ni lo otro, cuando desde dichas fuerza manifestaban públicamente que con Ciudadanos ni a la esquina. Y el error actual, pretender que por sumar siete diputados más que el PP con los escaños de Ciudadanos, fórmula rechazada tajantemente por el Congreso de los Diputados, le convierte en el partido más votado y es el PP quien debe someterse a apoyar su proyecto fracasado. Y el colmo de los errores es que, a pesar de todo lo anterior, Sánchez, matizando, cuando no desmintiendo, a su portavoz, sigue ofreciendo a Podemos la posibilidad de un pacto de gobernabilidad en vez de rectificar todos los errores pasados. ¿Es o no es de fiar Iglesias? Para Hernando, no; para Sánchez, sí. ¿En qué quedamos? ¿Seguimos con el paripé? Sin más comentarios, por más que a algunos nos duela.

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