13 de abril de 2016
13.04.2016

Amigo Soler

13.04.2016 | 04:21
Amigo Soler

¡Cuánto se agradece que un alicantino culto, y deportista, manifieste reconocimiento a paisano tan ilustre como fue Rafael Altamira!

Me sorprende gratamente la mención a una de sus obras menos conocidas como Máximas y reflexiones, editada en aquellos libritos Joya, realmente un tesoro de serenidad y sabiduría. Es uno de mis libros de cabecera y en él me inspiré para escribir una de mis últimas publicaciones, Brevísimos y otras historias. Debo aclararte que tras la maratón que supuso para mí poner en pie el Año Internacional Rafael Altamira 2011: siete congresos nacionales, homenajes de las Reales Academias y demás instituciones españolas y extranjeras, conciertos y nuevas ediciones, decidí que en esta ocasión sólo se celebraría este evento en su tierra natal y en Madrid, donde cada 8 de marzo la Cátedra de Historia del Derecho de la Facultad de Derecho de la UCM, celebra el Día Rafael Altamira y se entrega un premio a la investigación jurídica. A mayor abundamiento, la Sección de Derechos Civiles del Ateneo de Madrid, a la que pertenezco, le dedicó un gran homenaje.

La acogida de la UA, Ayuntamientos de Alicante y El Campello más el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert, ha sido muy positiva y espero igual respuesta de sus paisanos.

Habitualmente, como es lógico, cuando se habla de Altamira se hace hincapié en sus cualidades intelectuales. En tu artículo, ligado a Kennedy y a Luis Enrique sacas a relucir el deporte, en concreto el fútbol, algo que además de original me permite compartir contigo una muy curiosa anécdota de Rafael Altamira.

Según cuenta Gregorio Morán en un artículo aparecido en La Vanguardia, diciembre 2006, el escritor británico Edward Winter en 1921 contaba una sorprendente historia: «La Institución Libre de Enseñanza fue el primer centro educativo de España que dispuso de un balón de football, traído de Londres por el señor Cossío. Allí tuvo lugar una escena absolutamente histórica: Rafael Altamira al frente de la portería y en el centro del campo el señor Cossío y don Francisco Giner de los Ríos. Nuestra mejor materia gris en calzoncillos. Memorable.». Aquello permitió que la Federación Escolar formara un equipo con aquellos muchachos de la ILE. Pero la afición de Altamira no murió, los integrantes de aquel grupo recordaban cómo, de vez en cuando, un ya ilustre catedrático de Historia del Derecho se unía a su equipo para jugar un partido con ellos.

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