08 de abril de 2016
08.04.2016
Tribuna

Dieta sana

08.04.2016 | 04:20
Dieta sana

Son muchas las personas que acuden a nuestra Asociación de Consumidores en busca de un consejo para mejorar su estilo de vida y su salud en cuanto a la dieta. La mayoría, sino la totalidad de los usuarios, ya tiene una respuesta preconcebida: poca grasa, baja en colesterol, productos light, aceites vegetales, cereales integrales, zumos naturales, poca carne, pocos huevos, margarina en vez de mantequilla, poca sal, comer cada 2 o 3 horas, etc. Sin embargo todos vienen a consultarnos por qué no acaban de encontrarse bien pese a la dieta ni pierden el peso que algunos desearían sobre todo cara al verano, para recuperar el antiguo bañador o lucir el palmito sin michelines. Estas ideas están arraigadas en la mente de la mayoría de los profesionales de la salud y, por tanto, en la gente y usuarios de las mismas. Lo cual no quiere decir que estas recomendaciones sean siempre acertadas o no hayan sido manipuladas con arreglo a los intereses de las grandes compañías de alimentación, que gastan millones en publicidad y en «comprar» científicos y asociaciones de nutrición para que promocionen sus productos como saludables. Estas poderosas compañías influyen directamente en las recomendaciones oficiales de nutrición, patrocinan eventos en los que se toman decisiones que afectarán a toda la población, promueven la idea de que no hay productos buenos o malos y que todo tiene cabida en una dieta equilibrada. El resultado es una población más confusa, más obesa y con mayores problemas de salud. No es casualidad que desde que se implantaron las pautas actuales de nutrición en 1977 el problema de la obesidad se haya disparado.

Algunos de los puntos esenciales de las actuales pautas alimenticias están siendo puestos en cuestión, revisadas con otros criterios más neutros, es decir, independientemente de los intereses comerciales, y que están dando resultados excelentes. Debido a que la extensión de este artículo no es larga, haremos solo alguna somera indicación. El primer punto es el de las calorías. Tu salud depende de las calorías que ingieras y de las que gastes; una simple resta. Si tomas más de las que gastas, engordas y tienes problemas de salud. Este punto está siendo revertido por este otro: más que las calorías, importa su procedencia. Tomar 100 calorías de azúcar o 100 calorías de pescado no tienen el mismo efecto en el organismo. La forma en que el cuerpo procesa las calorías se halla regulada por las hormonas; es necesario, antes de meterse en contar calorías en tener un equilibrio hormonal. La insulina, la leptina, el glucagón, el cortisol y la melatonina, son las principales que se deben tener bien, sin déficit alguno. ¿Cómo influyen? Tomemos un ejemplo de un día normal en cualquiera de nosotros. Te levantas a las 7,30 (más o menos) y maldices el despertador, gracias a que la hormona cortisol está baja a esas horas tan poco decentes. Te preparas una taza de café bien cargado, abundantes cereales, leche desnatada, azúcar y un zumo de naranja y a trabajar. El alto contenido de carbohidrato de rápida absorción genera un pico de azúcar en sangre que junto con la cafeína te da un buen empujón de actividad. El subidón de azúcar ingerido en el desayuno libera una alta cantidad de insulina que elimina de manera rápida la glucosa de la sangre empujándola hacia el hígado y los músculos que seguramente tenían ya suficiente glucógeno, por lo que buena parte de esa glucosa se acaba almacenando en forma de grasa. Esta bajada de azúcar en sangre hace que a media mañana vuelvas a tener que pegarte otro desayuno (media tostada con aceite y otro café con leche) con el mismo proceso orgánico de antes. No tengo espacio para describir la comida y la cena, pero te explicarías mejor por qué te cuesta coger el sueño y por qué te levantas hecho polvo y, peor aún, con más grasa acumulada en el cuerpo. Has ingerido una cantidad generosa de carbohidratos y no demasiadas calorías y tu salud no ha mejorado precisamente. Cosa que acabarás notando, antes o después. El primer punto de una dieta sana es, por tanto, una rebaja considerable en la ingesta de carbohidratos (pan, pasta, harinas refinadas, azúcares, etc.) pero aumentando otros nutrientes, como ya veremos en otras entregas.

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