03 de abril de 2016
03.04.2016
El ocaso de los dioses

Violencia poética

03.04.2016 | 04:41
Violencia poética

En alguna ocasión les he recordado a ustedes dos los versos del poeta español Gabriel Celaya cuando cantaban que la poesía es un arma cargada de futuro. Pero siempre entendí la metafórica alusión sobre el concepto de arma a que se refería el guipuzcoano Celaya. No es lo mismo reivindicar tus ideas, convicciones y derechos, luchar por lo que crees más justo, utilizando la palabra, los argumentos ideológicos y el diálogo, por ejemplo, que convenciendo a tus adversarios políticos, a quienes no piensan como tú, con argumentos tan contundentes como el de medirles las costillas a base de palos, puñetazos y patadas. Esa poesía sí que está verdaderamente cargada, pero no de idealista futuro, no, sino de realista presente. Un arma muy contundente, por cierto. Los versos del realismo poético no se leen, se sienten en los huesos haciendo bueno que la letra con sangre entra. Viene esta meditada alegoría poética a un hecho algo más prosaico. Vean y lean el poema que viene a continuación.

Esta semana ingresaba en la cárcel Andrés Bódalo, un bardo andaluz adscrito a la corriente del «realismo poético», para cumplir una condena de tres años y medio de prisión que le impuso la Audiencia Provincial de Jaén por agredir a un concejal del PSOE de Jódar. En las imágenes que estos día hemos podido ver con inusitada profusión, Bódalo iba tocado de su paradigmática boina Che Guevara, un icono con el que viajó a Venezuela cuando fue invitado por el régimen demócrata de Nicolás Maduro, algo que le posibilitó hacerse una foto con el líder bolivariano y colgarla simbólicamente en el mural de la historia de la revolución. El poeta de los hechos, más que de la palabra, acumulaba en su lista de versos otras sentencias condenatorias por actos violentos, agravante de reincidencia recogida en la sentencia que lo ha llevado a prisión. Bódalo, que en ningún momento ha mostrado arrepentimiento por esos hechos ni pedido perón a su víctima, estuvo en todo momento arropado físicamente por los jornaleros altivos Cañamero y Sánchez Gordillo –este último tocado con el «kit» completo del buen sindicalista agrario andaluz, aunque ningún campesino andaluz de verdad se haya vestido así en toda su vida–, quienes no se cansaron de pedir el indulto para su amigo el poeta de la acción. Entre ese pintoresco club de los poetas vivos hallábase también la secretaria general de Podemos Andalucía Teresa Rodríguez, quien, embriagada por el histórico momento y acompañada de tanto verso suelto, tantos sonetos, tantos madrigales y espinelas (también llamadas décimas) que allí encontraron acomodo, no dudó en comparar a Andrés Bódalo con un poeta de verdad, Miguel Hernández. «¿Sabéis a quien me recuerda hoy Miguel Hernández? A Andrés Bódalo», dijo Teresa arrebatada de inspiración lírica. Es posible, solo posible, que la aprendiz de poetisa malinterpretara los versos del inmortal oriolano: «Yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas».

A la petición de indulto para el ya convertido en mártir de la palabra y de la libertad, Andrés Bódalo, se han sumado, sin ningún rubor, Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Ada Colau, políticos de nueva y vieja casta que tanto critican esa figura de perdón cuando es solicitada para otros. Hablamos de la izquierda más allá de la izquierda, la pluscuamperfecta, la ortodoxa, la que nos llevará al paraíso soñado, al edén proletario y horizontal donde solo caben –además de ellos y ellas– los elegidos y las elegidas por ellos y ellas. En ese paraíso terrenal, sin manzanas arrancadas con el sudor campesino ni plutócratas explotadores, al son de la poética lira, irán desfilando, desnudos de pecado como lechoncillos, Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot y el norcoreano Kim il-sung (con suerte podría acompañarle su hijo Kim Jong-il, pero con mucha suerte), mientras el arrebatado pueblo los contempla en toda su majestad, en poética encarnación. Si alguno o alguna de ustedes dos tiene verdadera devoción por gozar en su día de esa impagable representación, ese cielo en la tierra, vaya haciendo méritos, las plazas son limitadas y los guardianes del recinto vigilan con esmerado celo el carnet que da acceso al recinto.

Parece mentira que todo lo narrado sea verdad. Parece mentira que todavía se ensalce y defienda como a una víctima de la injusticia, como a un mártir de la libertad, a un político, un sindicalista, condenado por agredir físicamente a un concejal del PSOE al que todavía no ha pedido perdón. Y además reincidente. ¿Se imaginan una sociedad libre gobernada por estas conductas? ¿Se imaginan una sociedad en la que las diferencias de opinión, ideológicas o políticas se diriman a base de palizas, de violencia física? ¿Creen de verdad que ahí radica la verdadera democracia, la libertad? ¿Cómo es posible que en todo este sinsentido no hayamos escuchado una sola voz de estos nuevos líderes de extrema izquierda, del populismo más pedestre, pidiendo perdón, censurando sin reservas estas conductas? Y otra ingenua pregunta, ¿se imaginan qué habría pasado si a uno de estos nuevos líderes le hubieran dado a la salida de su ayuntamiento una paliza un grupo de extrema derecha? ¿No? No mientan, sí lo saben. Era solo poesía.

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