Hora de levantarse

Nosotras, ¿decidimos?

27.03.2016 | 06:51
Nosotras, ¿decidimos?

Nosotras parimos, nosotras decidimos» es la expresión que sintetiza el argumento a favor del reconocimiento del derecho a la libre elección de las mujeres sobre la continuación o la interrupción del embarazo. Es obvio que sólo las mujeres podemos gestar y parir. De ahí que no queramos que sean decisiones de otros las que se impongan sobre nuestro embarazo. Desde esta postura ¿es posible limitar o negar la libre elección de las mujeres en otros casos? Es frecuente que se invoque este derecho para defender prácticas que mayoritariamente realizan las mujeres –como la prostitución o alquiler de sus cuerpos– o que sólo pueden realizarse a través de ellas –como la gestación por subrogación o alquiler de sus úteros– ¿Son asimilables estos supuestos al de la decisión sobre el embarazo? Para responder a esta pregunta quizá convendría plantearnos otra con carácter previo ¿Nosotras decidimos para qué? O más bien ¿para quién o quiénes? ¿a quién o a quiénes beneficia nuestra libre elección?

En el caso de nuestro embarazo, decidimos para nosotras mismas, para trazar nuestro proyecto vital, para el libre desarrollo de nuestra personalidad. Nadie más que nosotras obtiene nada de dicha decisión, a nadie beneficia salvo a nosotras mismas. Por tanto, parece que nuestra libre elección en ese caso no está condicionada por los intereses que de ella se puedan derivar para otros. Respondamos ahora a esas preguntas en el caso de la prostitución y en el de la gestación por subrogación. Obviamente, la respuesta cambia. Aquí sí hay quienes se benefician del ejercicio de la libre elección por parte de las mujeres, lo que introduce un factor de sospecha sobre si realmente se trata o no de libre elección. Por más vueltas que le he dado no conozco ningún supuesto en que esto ocurra de forma abrumadoramente mayoritaria o en exclusiva a los hombres (si se les ocurre alguno, por favor, tengan la bondad de decírmelo. Y no, no vale la «donación» de esperma). Ahí tienen otro factor de sospecha.

Creo que tendríamos que hacernos otra pregunta más con carácter previo: ¿perjudica a alguien nuestra libre decisión? Pues en el caso de nuestro embarazo, a ninguna persona. En el caso de la prostitución y de la gestación por subrogación, el perjuicio sería para todas las mujeres en el primer supuesto y para todas las que se encuentren en edad «fértil» en el segundo. Porque potencialmente todas podríamos alquilar nuestros cuerpos para el placer y/o los deseos de otros. Y eso, simbólicamente, tiene un precio que todas pagamos: nos convierte en objetos, independientemente de nuestra «libre elección» para serlo o no. Sitúen esto en el capitalismo global, que a mí no me cabe aquí y respondan: ¿es posible limitar o negar la libre elección de las mujeres en algunos casos?

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