El ojo crítico

¿Solo o en compañía?

24.03.2016 | 07:56
¿Solo o en compañía?

Yo recuerdo con cierto pudor cuando, siendo apenas un niño rebosante de ingenuidad, y acosado por la contumaz pesadez de un internado religioso, confesaba con una timidez tremenda y con un hilillo de voz imperceptible, por primera vez haber cometido «actos impuros». ¿Solo o en compañía?, inquirió el morboso cura. Yo, entonces, no podía siquiera imaginar cometer actos impuros en soledad y tanta fue mi vergüenza que me levanté y salí escapado sin contestar. No tardé mucho en satisfacer mi curiosidad por aquel «¿solo o en compañía?». No alcanzaría los 12 años y cualquier roce, piquito con alguna niña me resultaban «actos impuros». Cosas de la época.

¿Se acuerdan ustedes de Rafael Escobedo, aquel que fue condenado por matar a sus suegros, los marqueses de Urquijo? ¿«Solo o en compañía de otros»?, inquirió el fiscal. El tribunal que juzgó a Escobedo no llegó o no quiso llegar a identificar a sus cómplices, si es que los hubo, y él se comió todo el marrón carcelario. Siempre existe «la compañía de otros» que, estoy convencido, hubiera aminorado su condena y, seguro, evitado su posterior suicidio.

Me ha venido a la memoria aquella expresión de «solo o en compañía» al conocer la reciente sentencia del Supremo sobre la salida de Bankia a Bolsa. Una operación fraudulenta, en la que se estafó a miles de pequeños inversores que con ella perdieron sus ahorros. La máxima responsabilidad corresponde, sin duda, a quien era entonces presidente de la entidad, Rodrigo Rato, y sobre él debe recaer todo el peso de la ley. Pero no nos llamemos a engaño: como quizás Rafael Escobedo, Rato no actuó solo, sino en compañía de otros, tanto que la actual dirección de Bankia, harta de pagar a los entonces incautos inversores, ha decidido devolver lo hurtado más un raquítico 1% de intereses. Siempre es más saludable devolver lo incautado, que añadir las costas judiciales. Hay abogados que se estaban forrando con los ingenuos inversores de Bankia.

El resto de los miembros del consejo de administración, desde luego, debieron haber evitado lo que se estaba tramando, porque para eso cobraban. Aunque yo quisiera recordar hoy a otras personas externas a Bankia, que por acción u omisión sirvieron de reclamo a los que cayeron en el engaño. Por supuesto, la ministra de Economía, el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el gobernador del Banco de España, cuya obligación de velar por el interés general que incumplieron de manera flagrante. Algunos de ellos han esgrimido en su descargo que recibieron fuertes presiones para participar en lo que el Gobierno consideraba «un asunto de Estado». Sin embargo, hubo quien se negó a entrar al trapo, como el presidente del BBVA, Francisco González. El resto de la gran banca, algunas multinacionales españolas e incluso filiales de la propia Bankia sí acudieron a la cita como los ganchos de los trileros. Se convirtieron así en banderín de enganche de los incautos minoristas, que no podían ni imaginar que sus ahorros corrían peligro en el sitio en el que aquellos gigantes habían invertido 1.200 millones.

Otro día, si les parece, podríamos tratar de descifrar el saqueo de nuestra CAM. Caso parecido pero más doloroso por la cercanía, que igualmente fue en compañía de otros.

Y ya lo que a mí más me ha soliviantado: Pedro Sánchez, ¿solo o en compañía? Has querido dar el paso, pero tus medidas han resultado parcas. Te has quedado solo y tocado. Te han fallado y frustrado «los otros» de la izquierda que en un alarde de soberbia han abortado tu proyecto. Te tiraste demasiado pronto, sin salvavidas a la piscina y sin saber si había agua. Vamos a ver si los otros ahora son capaces de movilizar a este país y sacarlo de su apatía. Lo que sí tengo meridianamente claro es que me han obligado con su estúpida tozudez a dejar de creer en esta cochambrosa democracia.

Mi lejana ingenuidad, mi fe en la justicia, mi amor a España, mi creencia frustrada de que el objetivo de los políticos era hacernos la vida más fácil, todo, absolutamente todo, se ha deslizado con el agua del retrete. Entre todos han tirado de la cadena.

Los ridículos postureos, como dar de mamar a una dulce criaturita en el Parlamento, puños innecesarios en alto para reafirmar lo más que reafirmado y besitos en la boca en el Teatro de la Democracia. ¿Y las salidas de tono de muchos de sus alcaldes? Y ya el sumun de la estupidez, la ridícula ocurrencia de los semáforos «paritarios» en Valencia. Ya saben, aquello de «miembros y miembras». Quizá me he hecho mayor y no los entiendo.

Y para finalizar una simple pregunta, aún cambiando de tema: Rita, ¿sola o en compañía de otros? Porque de los otros ya está dando buena cuenta la justicia. Pero eso es otra historia. Tiempo habrá.

Todo es más placentero en compañía de otros. Tenía razón aquel cura.

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