La Semana Santa tradicional en Sant Vicent del Raspeig

23.03.2016 | 07:23
La Semana Santa tradicional en Sant Vicent del Raspeig

La nueva celebración de la Semana Santa, anticipada en el calendario de este año bisiesto 2016, es una buena ocasión para analizar y reflexionar sobre este hecho, no sólo religioso sino también cultural y socioeconómico, en el municipio de Sant Vicent del Raspeig.

La Semana Santa actual no es la que tradicionalmente se ha celebrado en el municipio. Ha cambiado en muchos aspectos, es muy diferente, no sólo en aspectos formales, sino también, y es lo más importante, en el sentido de su celebración.

Podemos datar el origen de la celebración «oficial» de la Semana Santa en Sant Vicent cuando comienzan a construirse casas alrededor de la Iglesia, antes ermita, en la segunda mitad del siglo XVIII. El caserío es el centro de la «Parroquia de Sant Vicent Ferrer de El Raspeig», que es el nombre con el que figura en los padrones y censos de la época.

En el primer presupuesto del nuevo municipio sanvicentero, el de 1836-1837, aparece reflejado en un apartado las fiestas del pueblo y la aportación municipal para su celebración. Esas fiestas son: «Semana Santa, Corpus Christi y Santo Titular»; quedando claro, por tanto, cuáles eran las festividades tradicionales y oficiales del pueblo.

El caserío alrededor de la Iglesia, núcleo principal del nuevo municipio, y donde se encuentran la Iglesia y la Casa del Cura, es el lugar de las celebraciones de la Semana Santa y, particularmente de las procesiones. La festividad sirve, además, como motivo de concentración de los habitantes que viven dispersos en casas y caseríos diseminados por el término. Centrándonos primeramente en los aspectos formales, en lo que respecta a los «pasos» eran escuetos y modestos, conservados en muchos casos en casas particulares, en las de los vecinos que los financiaban. Los documentos conservados y los textos de viajeros extranjeros dejan claro el carácter discreto y «pobremente adornados» de las figuras «sacadas en procesión».

Los días de procesiones eran el «Dijous Sant», «Divendres Sant» y el «Diumenge de Gloria», precedida por la del domingo anterior o «Diumenge de Rams». El Jueves por la mañana no era festivo tradicionalmente en la localidad. El itinerario de las procesiones reflejaba la estructura urbanística del pueblo. Seguía una recorrido tradicional, preciso, por unas calles de tierra: desde la puerta principal de la Iglesia, avanzaba por Carrer Major, giraba a la altura de la actual calle Maestro Chapí hacia el Carrer Forn (Pi i Margall), luego por el carrer Alacant (Pintor Picasso) volvía por calle San José hasta el carrer la Venta (Domínguez Margarit) y desde allí por el carrer Sant Antoni, (Salamanca), no estaba la Avenida, y por la actual Plaza Lillo Cánovas se dirigía por el carrer Major a la Iglesia.

Pero, sobre todo, la característica más importante de la Semana Santa Tradicional Sanvicentera, es que la sociedad del «poble» celebra en esta festividad religiosa no la Pasión, sino la Resurrección. En lo que incide y, por tanto destaca, no es el Calvario y la Crucifixión, sino la Resurrección y la Gloria. De ahí que su momento principal no sean las procesiones de pasión y penitencia, sino el «Encontre», la Gloria. Ya que, después de la Pasión, el Calvario y la Crucifixión viene la Resurrección, viene la Gloria, representados en el «dissabte de Gloria» y la denominada «processó del Encontre», entre la «Mare de Deu i el seu fill el diumenge pel mati o diumenge de mona».

Algo que, por otra parte, es propio de esta celebración tradicional en el Antiguo Reino de Valencia: Resurrección y Gloria en contraposición a la Semana Santa castellana: Pasión y Muerte. Por tanto, el momento culminante era la «Nit del Dissabte de Gloria», con la tradición de «llavarse els ulls» (lavarse los ojos), a las doce de la noche (hora solar), comienzo del «Diumenge de Gloria», «Resurrección», o «diumenge de Mona».

En la mañana del referido domingo, el caserío era invadido por un agradable aroma de «toñas y monas», la asistencia a media mañana a la procesión del «Encontre» era el momento que marcaba la salida al campo, a «menjar-se la mona», a celebrar la Resurrección, la Gloria. Era la «Festa». Mientras, el campo también «resucita» al comienzo de la primavera.

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