Guerra al pequeño comercio

22.03.2016 | 01:18

Hay titulares que se entienden mejor juntos y los que este fin de semana he leído en este diario dejaban poco margen a la duda: por un lado el tripartito se negaba a cualquier medida económica para impulsar al pequeño comercio alicantino, mientras que por otro lado, Angulo barajaba seriamente y sin rubor, dejar a los manteros campar a sus anchas en Semana Santa.
El tripartito ha declarado la guerra al pequeño comercio y de paso, al sentido común.
Por si el culebrón de los horarios de aperturas, cierres totales, aperturas parciales y demás atropellos al comercio local no hubiera dado ya suficientes quebraderos de cabeza a los alicantinos, justificado siempre por el Ayuntamiento bajo el noble pretexto de ayudar al pequeño comerciante, esta semana ha quedado más que claro que esta es una excusa de las malas, o una mentira de las gordas .
Un gobierno que se dice de izquierdas no puede abandonar al pequeño comercio, que a fin de cuentas, es el que dota a la ciudad de su identidad, el que la impulsa y del que nace y subsiste esa clase «trabajadora» a la que solo recuerdan cuando toca pedir el voto o para enarbolar consignas vacías en su nombre.
Rechazar todas y cada una de las propuestas que se han planteado para impulsar al pequeño comercio, escudados solo en el presupuesto tiene poca defensa, pero dejar a los manteros actuar es un insulto en toda regla a los empresarios y comerciantes de Alicante, a la propia ciudad y su imagen, a los votantes de izquierdas y especialmente a los propios manteros.
Que le expliquen a ese empresario que madruga cada mañana para abrir su negocio, que lucha cada día por pagar interminables recibos de luz, agua, impuestos y autónomos, que tiene que dar de alta a sus trabajadores y sudar la camiseta para ganarse el pan honradamente con lo que le dejan sus cada vez más ajustados beneficios, que esos manteros sin papeles, sin licencias de apertura y que no pagarán ni un solo impuesto van a ser su competencia esta Semana Santa, mientras a él le siguen metiendo zancadillas por tener una terraza en su legítimo negocio.
Y que les expliquen a los manteros que con trencitas, tallas de madera y manualidades van a poder pagar a las mafias que los han traído; las mismas mafias que ahora deben estar brindando ante una medida así, puesto que supone una legitimación de su negocio, convirtiendo a traficantes de personas en una especie de agencia de colocación por encima de la ley. Desde luego, medida social y de izquierdas donde las haya y la mejor publicidad de la marca España en Senegal.
Parece que la diferencia entre la «nueva política» y la «vieja», es que ni hacen ni dejan hacer y el titular fácil es su única política, aunque le pese al interés de sus votantes o de las ciudades que gobiernan con unos principios tan sólidos como un paraguas de papel maché y una visión digna del mismísimo Rompetechos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine