21 de marzo de 2016
21.03.2016

La vergüenza de Europa

21.03.2016 | 04:47
La vergüenza de Europa

Con el acuerdo de la UE y Turquía se ha dado un paso catastrófico para el futuro de Europa. Cualquiera que sea el ropaje con que se pretenda revestir, en realidad es un acuerdo vergonzante, de trata pura y dura de seres humanos.

Es un acuerdo que refleja a la perfección el grado de disgregación y de conflicto que afecta a ese gran proyecto que fue en su día la refundación de Europa. Como en algunos medios se ha comentado, esta crisis es mucho más grave que la crisis económica. Sitúa al proyecto europeo ante su propio espejo, que devuelve una imagen verdaderamente monstruosa.

El desarrollo del proyecto europeo se sostuvo desde sus orígenes sobre las clases medias. Se trataba de ensanchar los mercados, favorecer las relaciones comerciales, compartir decisiones, y por otro lado, de desarrollar una cultura cosmopolita que arrinconara de una vez por todas las pulsiones nacionalistas y que fomentara un concepto de ciudadanía europea.

A estas alturas, se puede decir que ambos objetivos han fracasado. El primero, porque lejos de desarrollar e integrar los mercados, como paso previo para una Unión política, la crisis ha revelado la sumisión del mercado a las prácticas monopolistas del sector financiero. El segundo, porque en lugar de haber arraigado una cultura cosmopolita, respetuosa con los valores y principios que las propias norma de la UE proclaman, la crisis ha provocado la regresión a las pulsiones nacionalistas más extremas, a un repliegue xenófobo, racista, que es el caldo de cultivo donde se mueven los viejos y nuevos populismos.

La clave que explica el grado de disgregación, de deriva autoritaria y xenófoba a que hemos llegado, tiene que ver con el malestar de amplios sectores de la clase media europea. Aunque la crisis sistémica se ha cebado en los sectores sociales más débiles, es en la clase media desgarrada donde se alimentan los discursos y se arman los movimientos de protesta y de indignación. Este tipo de reacciones no es nuevo en la Historia. Recordemos la Gran Depresión de 1929 y sus repercusiones políticas en Europa, especialmente en Alemania.

Numerosos analistas, sociólogos y politólogos, advierten del sobrecalentamiento de los discursos xenófobos o falsamente nacionalistas que han tomado asiento en diferentes estados europeos –y en el interior de los estados– y que constituyen el caldo de cultivo de los nuevos populismos que se retroalimentan a derecha e izquierda. También advierten de la conexión que existe entre ellos, pues nacen de una misma fuente. Los populismos conservadores han encontrado en la crisis migratoria la excusa perfecta para identificar al enemigo exterior; los nuevos populismos apelan a un enemigo más difuso (las oligarquías, los banqueros) pero predican igualmente la vuelta a valores «patrios», al nacionalismo, en fin.

Estamos sin duda ante una crisis europea de proporciones inimaginables hace apenas diez años: una «pinza» que se cierne sobre el continente. Cabría preguntarse si es posible una salida a la situación que evite el colapso. Yo no veo donde está la base social europea y dónde los líderes que puedan impulsar, en estos momentos de zozobra, las reformas necesarias en el plano económico y las medidas en el plano político para avanzar en un proyecto de integración conforme a principios y valores civilizatorios. Tal vez estén, pero no los veo. El vergonzante acuerdo con Turquía no da precisamente motivos para ver mucho más lejos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine