La opinión publicada

Camps descubre el Mediterráneo

12.03.2016 | 05:07
Camps descubre el Mediterráneo

Hace unos días, el expresidente Francisco Camps volvió al primer plano de la actualidad. Camps reapareció en defensa de Rita Barberá y de sí mismo, para negar cualquier vinculación con el caso Imelsa y con la trama de blanqueo de dinero que se habría desarrollado desde el PP de la ciudad de Valencia.

Pocas semanas después, Camps ha re-reaparecido con un propósito muy distinto: promocionar el libro que ha publicado en la Universidad Católica de Valencia a raíz de su trabajo de tesis doctoral.

Imagino que no habrá una relación entre ambas apariciones (de ser así, sería una campaña de promoción verdaderamente insólita), pero en cualquier caso la conjunción de ambas, así como algunas apariciones en televisión del expresidente que cabría calificar, para no pillarnos los dedos, de inolvidables para aquellos que las vieron, ponen de nuevo a Camps en el candelero.

Durante cuatro años, la tesis de Francisco Camps estuvo guardada bajo llave en la Universidad Miguel Hernández. De hecho, el propio acto de lectura se llevó con un secretismo absolutamente impropio de un acto académico que, por definición de la propia normativa, ha de ser público, y al que ha de dársele publicidad. Todos aquellos (investigadores o medios de comunicación) que intentaron consultar la tesis posteriormente se dieron de bruces con una prohibición expresa por parte del autor, es decir: el propio Camps.

Se trata, por si cupiera alguna duda, de una actitud absolutamente impropia de alguien que quiere dedicarse a la investigación en el mundo académico.

Guardada bajo siete llaves
Las tesis que se guardan bajo siete llaves son la excepción, no la regla, y suele tratarse de investigaciones que generan patentes o aplicaciones específicas, ligadas con alguna empresa a la que el investigador le ha cedido los derechos exclusivos de explotación. Ni que decir tiene que una tesis doctoral como la de Francisco Camps, que propone un nuevo sistema electoral, no se ajusta en lo más mínimo a esas características.

Los objetivos y fundamentos de una tesis doctoral son muy claros: el investigador elabora una hipótesis en torno a un ámbito del saber en el que se propone realizar un avance significativo, que analiza y desarrolla a lo largo de la tesis. En la génesis del proceso está, puesto que la tesis -en teoría- ha de implicar una aportación en un determinado ámbito del conocimiento, que el investigador haga lo posible para que su trabajo se difunda entre la comunidad investigadora, para que otros puedan conocerlo, emplearlo, someterlo a crítica y, en definitiva, para que el trabajo tenga la mayor repercusión posible.

La tesis de Camps, en cambio, se ubica claramente en un lamentable subtipo de tesis doctorales que han proliferado últimamente: las tesis de políticos, que hacen la tesis frívolamente (Camps la hizo en menos de un año, en apariencia), sobre temas cuyo fuste académico es marginal o inexistente, con el objetivo de conseguir el grado de doctor y poder presumir de ello, pero sin el esfuerzo que habitualmente comporta el doctorado. Y además, con conclusiones tan impactantes y revolucionarias como que un sistema mayoritario favorecería a los partidos mayoritarios, y más concretamente al partido del señor Camps. ¡Qué sorpresa!

Ni para artículo de investigación
Pero, con independencia de que esta tesis constituya un pretexto para desplegar por enésima vez el mantra de los sistemas mayoritarios y la gobernabilidad, contamos con un dato muy claro: reflexionar sobre un cambio del sistema electoral en España, que además propone soluciones que ni siquiera son propias u originales, sino que se limitan a copiar (aquí sí) el sistema electoral británico (mayoritario, dividido en circunscripciones uninominales), no constituye, ni de lejos, materia suficiente para una tesis doctoral. Ni para un artículo de investigación, si me apuran.

Es una vergüenza que esa tesis doctoral, basada en tan sorprendentes y novedosas revelaciones, pudiera leerse y aprobarse en una Universidad pública (con el previsible sobresaliente cum laude, claro). Su publicación como libro es sólo la segunda parte del despropósito.

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