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La amabilidad es gratis

12.03.2016 | 05:07
La amabilidad es gratis

No hace falta ser tremendamente afectuoso o amable. Lo que hace falta es ser «normal». Se puede ser más o menos extrovertido. Pero lo que la sociedad detesta es a la gente mala

Hay cosas en la vida que no cuestan dinero y son gratis. Y entre ellas están las formas de comportarnos. Es gratis querer, ser atentos, dispuestos y amables. Pero, desgraciadamente, también lo es ser mala persona, antipático, envidioso o sencillamente odioso por su forma de comportarse con los demás. Hay personas que son muy queridas porque ellas lo son con los demás, pero también hay otras que cuando más lejos las tengas mejor y que centran su vida en vivir en un estado permanente de enemistad. Les encanta vivir en la tensión de la confrontación y viven por y para crearse enemigos y ser hostiles en cualquier ambiente en el que viven.

Resulta curioso a veces escuchar a personas que se quejan de que son o han sido menospreciadas en algún lugar, centro de trabajo o grupo. Y cuando empiezas a ahondar en las razones es cuando percibes que la causa del problema no son los demás sino la persona en sí misma que se siente atacada. Porque, evidentemente, todo el mundo se pone una coraza cuando se ve atacado y algunos responden también a los ataques hasta conseguir que el que provoca los enfrentamientos sea el que al final se siente como víctima, pero lo es de su propio carácter o forma de ser con los demás. A estas personas al final se les acaba aislando por todo el mundo por su carácter agrio y de permanente enemistad con todo lo que le rodea. Viven en la soledad porque es lo que se han buscado, y porque acaban en ella por haber vivido permanentemente de conflicto.

En la vida no hace falta ser tremendamente afectuoso o amable con los demás. Lo que hace falta es ser «normal». Se puede ser más o menos extrovertido. Pero lo que la sociedad detesta es a la gente mala. La forma de comportarse de las personas no cuesta dinero y el ser amable con los demás absolutamente nada. Pero la amabilidad es una cualidad en las personas. Este adjetivo se refiere a aquel o aquello que es afable, afectuoso o digno de ser amado, y muchos autores destacan que la amabilidad es un valor que debe enseñarse desde bien pequeños a nuestros hijos. Es algo que se puede llevar dentro, pero que también se enseña, y eso se tiene que llevar a cabo no sólo en las escuelas, sino también en casa. Es una obligación de los padres y de los educadores, pero ni uno ni otro deben escudarse en que los temas de valores se enseñan en otro lugar. Y, sobre todo, los padres deben aprender a asumir su obligación en este tema, no dejar que sea en la escuela donde se enseñen los valores. Estos se aprenden en cualquier lugar, pero en casa no pueden los padres derivar a la escuela que allí se aprenda todo, la cultura y los valores para que una persona pueda ser mejor.

Ser amable no es muy difícil. Pero es mejor ser amable que ser antipático. Las personas amables se abren mejor el camino en la vida y abren puertas, mientras que las que no lo son se cierran todas las puertas. Además, es una actitud muy positiva para encontrar trabajo. En las empresas de selección de recursos humanos se fijan muy mucho en el carácter de las personas a la hora de decidir sobre un puesto de trabajo y se busca a quien tiene una buena disposición para sus relaciones con los demás, y se rechaza, obviamente, a quien no es capaz de trabajar en grupo y quien muestra una actitud egoísta y distante en sus relaciones con los demás, a quien busca los enfrentamientos y a quien desconfía de todo lo que le rodea. Estas personas consiguen al final lo que en principio pensaban que había y es que todo el mundo les dé la espalda y permanezcan en la soledad. Se creen fuertes porque se sienten diferentes y por encima de los demás, y lo que ocurre es que su propia inseguridad es lo que les hace actuar de esta manera, porque utilizan el desplante y todo lo opuesto a la amabilidad para funcionar en su vida.

La sociedad está llena de personas así, tanto en los grupos humanos como en las relaciones de pareja, donde al principio se ve como una cuestión de carácter, pero más tarde se percibe que es un grave defecto que puede acabar haciéndole la vida imposible a la pareja. Porque cuando la persona no amable, antipática y de mal carácter está fuera de tu círculo de relaciones el problema no es grave, porque al no relacionarte habitualmente con ella el problema se diluye con no verla o no acercarte. Pero el problema viene cuando debes convivir habitualmente con esas personas, bien sea en el ámbito de la pareja o en el ámbito de las relaciones de trabajo. Es ahí cuando ante la presión constante del enfrentamiento vienen los problemas al tener que soportar la permanente actitud de malos gestos, todo lo contrario a la amabilidad, y el enfrentamiento gratuito. Estas personas no están para vivir en sociedad y si no lo están deben meditar que el problema son ellas, no la sociedad, cuando lo que hacen es culpar a su entorno y a los demás, cuando el culpable, si hay alguno, son ellas mismas.

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