Ni es tiempo, ni son formas

08.03.2016 | 01:51
Ni es tiempo, ni son formas

El president de la Generalitat Valenciana, Sr. Ximo Puig y su vicepresidenta, Sra. Mónica Oltra, han dado luz verde a un decreto del Consell que en la práctica despoja a la Diputación Provincial de Alicante de las competencias sobre turismo y deporte.

No tengo razones para pensar que vaya a ser el último, a la vista de la   manera de proceder del Sr. Puig, de la Sra. Oltra y sus jefes de Podemos, que es el partido que les sostiene en el gobierno con su apoyo parlamentario.

Es un ataque más que sumar a los intentos de algunos de demonizar las instituciones provinciales para pedir su desaparición.

Aunque muchos no lo sepan, ni se suele hablar de ello, la Diputación de Alicante es una institución eficiente y saneada.

Se podrá decir de la misma que su funcionamiento es mejorable. Totalmente de acuerdo. Como en cualquier otra administración pública, hay margen para la mejora y me consta que su presidente, César Sánchez, está llevando a cabo proyectos para que en el menor tiempo posible sea una institución más moderna y eficaz.

Para justificar su eliminación, algunos aducen también que en un pasado no lejano puede haber estado salpicada de escándalos de corrupción. Eso es algo que los tribunales dilucidarán. En ello están. En cualquier caso, se trataría de corrupción de personas, no de la institución. Por desgracia, casos de corrupción los ha habido en otras administraciones públicas de toda España y con gobiernos de todos los colores políticos, y no por ello esas instituciones públicas van a dejar de existir.

Lo que es innegable es que, al menos en los últimos cinco años,  cuando la gran mayoría de las administraciones públicas han incrementado su déficit, la Diputación de Alicante ha invertido mucho en servicios públicos para los municipios de la provincia y, a pesar de ello, sus cuentas están saneadas y los superávits anuales son una realidad.

Entonces, cabría preguntarse, ¿cuáles son las razones por las que el Consell pretende el control de las Diputaciones?

Desde mi punto de vista, son, básicamente, dos.

La primera razón es de naturaleza política. En el ADN ideológico de la izquierda valenciana está lo que podríamos denominar el centralismo valenciano. Nunca ha creído en la provincia. Su modelo territorial por debajo de la Comunidad Autónoma es la comarca, y por encima, no es la nación española, es esa entelequia denominada «Països Catalans».

Aunque desde que gobiernan la Generalitat, por pura estrategia política, han moderado su discurso, son múltiples las pruebas de su pasado  que evidencian que, en lo que en realidad creen es en la nación catalana.

Las diputaciones son el gobierno de las provincias. Si acaban con las diputaciones, debilitan las provincias y eso les acerca a sus objetivos.

Y en eso coinciden, y no por casualidad, con el nacionalismo catalán, que se ha mostrado siempre contrario a la existencia de las provincias como demarcación territorial, nacionalismo que ya pretendió con Jordi Pujol de presidente, sin conseguirlo, eliminar las diputaciones en Cataluña.

Es sumamente contradictorio, pero es verdad: la izquierda valenciana se ha pasado la vida clamando contra el centralismo de Madrid y ha sido llegar al poder y aplicar ellos mismos en la Comunidad Valenciana ese centralismo contra Alicante y Castellón que dicen detestar.

Algún lector puede pensar que exagero pero creo que la cuestión tiene más calado del que pudiera parecer a simple vista. Lo digo como lo siento: o los alicantinos nos tomamos este asunto en serio o, en no mucho tiempo, acabaremos lamentándolo.

La segunda razón por la que el Consell pretende intervenir las Diputaciones es de índole económica. Tratan de poner al servicio del Gobierno Valenciano el dinero de unas instituciones mucho más saneadas que la propia Generalitat.

Antes de llegar al gobierno, el dúo Puig-Oltra (tanto monta, monta tanto?) ya sabían que la mala situación económica de las arcas autonómicas no les iba a permitir cumplir lo mucho que estaban prometiendo a los ciudadanos para tratar de ganar las elecciones.

Uno de las fórmulas que han puesto en marcha es, en base a una pretendida coordinación que ellos mismos desprecian, apropiarse de los recursos de las diputaciones y los ayuntamientos para prestar determinados servicios.

Está ocurriendo con la Xarxa Llibres. A pesar de tratarse de una competencia exclusiva de la Generalitat han recurrido al dinero de las Diputaciones y Ayuntamientos. Lo está intentando la Sra. Oltra con otra competencia suya como es la Dependencia, sirviéndose de los servicios sociales de base –de recursos humanos y económicos– de los ayuntamientos para la evaluación de los afectados. Lo hacen con el dinero que las diputaciones destinan a la promoción de sus marcas y destinos turísticos y al deporte; y, que nadie albergue la más mínima duda, lo seguirán haciendo en otras materias.

En definitiva, dinero que se debería invertir exclusivamente en beneficio de Alicante y los alicantinos, con los «decretazos» del Consell se gastará de otra forma y no será íntegramente en nuestra provincia. Dicho de otra manera, dinero que es de los alicantinos, no se gastará íntegramente en los alicantinos.

En ese afán de prometer lo que fuera para llegar al Consell, el 10 de mayo del pasado año, en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas, el Sr. Puig acudió a Benidorm y ante el empresariado turístico local adquirió un compromiso: crear una Consellería única para el turismo, y que la misma tuviera su sede política en Benidorm, en el edificio del Instituto Valenciano de Tecnologías Turísticas, Invat.tur.

Diez meses después, nos encontramos con la paradoja de que, no sólo no existe tal Consellería de Turismo –la que existía con el anterior Consell la ha eliminado-, sino que, además, las marcas turísticas alicantinas por excelencia, «Benidorm» y «Costa Blanca», que tanto esfuerzo nos ha costado a los alicantinos consolidar, van a tener su sede fuera de su provincia natural, en el Palau de la Generalitat, en la provincia de Valencia.

De nuevo, el centralismo valenciano de la izquierda valenciana.

Sin una Diputación de Alicante fuerte, la defensa de las infraestructuras, del agua, de nuestro turismo y de nuestra provincia será más débil.

Ni es tiempo, ni son formas, pero está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo, no es una cuestión baladí. O los alicantinos nos lo tomamos en serio, o lo pagaremos caro. Insisto.

Es obvio que no puedo, ni quiero, abstraerme de mi condición de Presidente provincial de un partido político, pero las reflexiones que acabo de expresar las siento no como político, si no como un ciudadano más de la «millor terreta del món» que presiente que, algo muy importante, le están arrebatando. 

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