Desde el lado oscuro a la luz

05.03.2016 | 05:08
Desde el lado oscuro a la luz

Hay muchos momentos en la historia de nuestro planeta en que los cielos se enriquecen con la llegada de nuevas y valiosas personalidades y, a la par, el lado oscuro de la tierra se empobrece con estas mismas ausencias.Es lo que creo que ha sucedido con el óbito de dos excepcionales personas, ambas escritores, de enorme éxito y reconocimiento, de quienes al menos una obra ha sido llevada a la gran pantalla y mediante ella al gran público y que nos han proporcionado con sus creaciones sentimientos, ideas y emociones inusuales por su valor, novedad y fuerza. i en el más allá se dialoga, seguro que estarán de acuerdo en que el tratamiento cinematográfico de sus obras ha sido muy desigual, espléndido en un caso en un caso y solo regular en el otro.


Primero nos llegó la noticia del fin vital de una novelista norteamericana que nos asombró con una narración, llevada con gran éxito al cine, que emocionó a cuantos la leyeron y mediante el cine a muchos más, dejando bien claro que «merece la pena defender lo que es justo». Nelle Hasper Lee desde las tierras americanas de Alabama, donde tanto tardó en llegar la igualdad entre negros y blancos, noveló la sencilla y al mismo tiempo dura vida de un hombre de bien, a quién llama Atticus (formidablemente interpretado por Gregory Peck), abogado en un pequeño pueblo que luchó con tesón y sencillez para defender la inocencia de un joven negro acusado de violación.


Matar a un ruiseñor, publicada por Hasper Collins en el año 1960, merecería el Premio Pulitzer, traducida a más de cuarenta idiomas, sumando más de cuarenta millones de libros y a la película dirigida por Robert Mulligan le concedieron tres Premios Oscar.


El acontecimiento que tendría lugar cuando la autora tenía solo diez años, es recordado por ella misma ya de mayor y narrado en primera persona con una intensa mezcla de ironía y hasta sátira retratando gentes y circunstancias que empalidecen al tratarse todo con exquisito sentido del humor. Esta verdadera creación literaria llegó a convertirse en un fenómeno «viral» como diríamos hoy convirtiendo la narración en un clásico de la literatura norteamericana, concediéndosele a su autora la Medalla Presidencial de la Libertad.


La segunda personalidad que nos ha abandonado, dejándonos un poco más desvalidos culturalmente, pudimos escucharla en riguroso directo un par de veces, aquí en Alicante, en dos conferencias impartidas en el Aula de Cultura de la extinta CAM, en aquellos añorados años en que nos traía formidables personalidades de la ciencia y la cultura. El profesor Umberto Eco, nacido en la italiana Alexandría en 1932, profesor de universidad en Milán, Florencia y, sobre todo en Bologna, donde dirigió su reconocido Instituto de Comunicación y Humanidades, era entonces conocido por sus estudios de Semiología o ciencia de los signos, que trataría en una obra ya clásica, La estructura ausente (1968) y en innumerables conferencias y artículos.


Ya entonces nos había llegado la traducción de una de sus primeras obras críticas, Apocalípticos e integrados (1965) que trata las difíciles relaciones entre cultura de masas y cultura alta o de élites con los «mas media» intermediando, tema que resucitaría multitud de veces y al que dedicó su última obra (2015) Número Uno, que analiza el periodismo de hoy en día.


El nombre de la Rosa (1980) acrecentó su fama como escritor y pensador, llegando al gran público en su versión fílmica, mucho menos afortunada que la propia novela, que muchos consideran como la que les hubiera gustado escribir de saber hacerlo como él. Entre el misterio y la metáfora, una recreación de tinte detectivesco de los scriptores o copista de códices del Medievo, con personajes que traducen otros actuales, sobre los libros y entre ellos los exotéricos, mejor si prohibidos, que refleja un conocimiento de la época verdaderamente genial.


No dejaré pasar el momento sin recordar la página donde en un largo párrafo nombra las innumerables herejías y movimientos religiosos de la época. Otras muchas narraciones, de más difícil lectura, fueron añadiéndose después. Entre ellas: El péndulo de Foucault, El cementerio de Praga, La Isla del día de antes, Baudolino etc. Igual ensayos y estudios sobre semiótica, arquitectura, periodismo, etc. Llevándole a ser considerado uno de los grandes escritores y pensadores actuales, mereciendo la Legión de Honor francesa, todas las distinciones italiana, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en España y multitud de doctorados «honoris causa». Algunos aún recordamos su interminable y animada conversación mientras cenábamos en el restaurante La Marmita, de los buenos amigos Eugenio y Paco, en compañía a de su gran amigo Román Gubern.


En el lado luminoso estarán de enhorabuena, nosotros algo más huérfanos en estos malhadados tiempos de menosprecio de todo lo cultural.

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